Monday, March 26, 2007

La reducción tecnocrática

Ya se habrá percatado el lector de un nuevo humor en las tomas de posición políticas de la actualidad: el intento de reducir la política a la técnica, a las políticas públicas, como se afanan en llamar al campo diciplinario en el que se encuentra en juego el monopolio de la descripción legítima de los problemas técnicos que enfrenta todo proceso político, así como de la prescripción que conviene adoptar.
Esta intentona reduccionista aparece, claro, cuando hay abundantes indicios de que esa dimensión técnica parece estar al servicio de esquemas de dominación crecientemente invadidos de pequeños intereses depredadores que se articulan en coaliciones político-partidistas y desplantes orientados a la "participación", por parte de grupos de intereses especiales. Y ahora hay que hablar de gobernanza.
La llegada de las políticas públicas como disciplina con su propio arsenal teórico-metodológico, sus propias prácticas y sus propios rituales internos, puede fecharse en el primer tramo de los años noventa. La publicación de una serie de lecturas editadas por Miguel Ángel Porrúa bajo la dirección de Luis F. Aguilar puede ser considerada el momento iniciático de esta disciplina en México. A partir de entonces se han abierto prosgrados en la materia, ha crecido el número de especialistas en diferentes rubros y, adicionalmente, se ha logrado la inserción de esos especialistas en los espacios mediáticos. Gracias a este proceso de consagración disciplinaria, se ha logrado un saludable enriquecimiento del debate público, una vez que se ha logrado introducir con éxito la idea de que los proyectos políticos tienen que procesarse por medio de las inevitables consideraciones de factibilidad, sostenibilidad financiera y jurídica, así como del tomar en cuenta los problemas que habrá de enfrentar la puesta en marcha de los programas en que desembocan las políticas públicas.
Todo lo anterior está muy bien, excepto cuando en las luchas políticas del momento se pretende destruir políticamente a un adversario, real o imaginario, con el argumento de la incompetencia técnica y se quiere hacer pasar lo anterior como si se tratara de un argumento en sí mismo "técnico".
En efecto, este humor de los comentaristas políticos, este clima de opinión que se va generando por medio de opiniones aparentemente sueltas y casuales, contribuye a colocar en el sentido común de nuestro tiempo que las mayores disputas pueden ser zanjadas con una buena disposición al diálogo y la búsqueda de los términos en que se zanjan las disputas: el terreno científico-técnico. Sin embargo, ese humor no puede pasar de ser lo que es (ideas bonitas, esperanzadoras visiones de lo que debería ser), mientras nadie se cuestione por las condiciones en que las disputas técnicas son zanjables. Y sin tener en claro lo anterior, las manías de los profesionales de la opinión no dejarán su condición de doxa, opiniones, pensamientos previamente pensados pero que no han sido debidamente repensados ni argumentados.
Los debates de política (es decir, relativas al campo de la política pública) suponen que existe un suelo común en el cual tiene sentido formular argumentos, ajustar propuestas, establecer criterios para dilucidar cuestiones que deben ser zanjadas. Ese suelo común puede ser pensado como un entorno institucional estable, en el que se encuentra fuertemente instituida la práctica del debate. Esta práctica, exaltada tanto por los defensores del democratismo como por los cultivadores de las políticas públicas, supone a su vez que hay una valoración positiva del mero hecho de debatir. Esta valoración, inculcada y practicada continuamente, inscrita en la formación de los futuros tecnócratas, convertida en un automatismo por las propias reglas del campo político, se ve rápidamente deteriorada o -diríase- destruida cuando a un adversario se le adjudica, por ejemplo, el ser un agente de la irracionalidad, de lo imprevisible y, por esa vía, un peligro. ¿En dónde queda la disposición al diálogo en tales condiciones?
¿En dónde queda la valoración del diálogo cuando se permuta el debate por campañas televisivas y radiofónicas que no hacen sino autoproclamarse como la mejor opción?
El suelo común que da cabida a que los debates técnicos sean una actividad razonable, que da cabida a la idea de que el hacerlo tiene sentido, incluye también lo que en política se considera como "acuerdos básicos". Estos acuerdos se refieren típicamente a las reglas con las cuales se resuelven las diferencias políticas. Si la palabra "transición" tiene en México algún sentido identificable, éste tendría que ser que se ha vivido un periodo en el que se han creado nuevas reglas y que los partícipes ajustan sus comportamientos presentes y futuros al nuevo entorno normativo. Se nos dijo ad nauseam que esas nuevas reglas cabían en una palabra: democracia. Los cientos de miles que consideran hoy que esa nueva regla realmente no rige nada en la política mexicana viven un nuevo ajuste: nada ha cambiado realmente.
La reducción tecnocrática aparece cuando se le recomienda a la izquierda (o sea, al PRD o al FAP) que contrate especialistas en política pública, como lo hacen quienes -como Denise Dresser- consideran que hay que dar un nuevo rostro a la izquierda. Hay que olvidarse de las "grandes transformaciones", de las "grandes causas" y circunscribirse a la política pública; hay que permutar la política por las políticas, el histrionismo por la efectividad, los decibeles de la lucha en la calle por las razones y argumentos en las cónclaves de especialistas. Esta permutación implica -no hay que dejar de observarlo- una reducción intelectual y práctica que parece dar por sentado que aquí, en México, ya estamos de acuerdo en las cosas fundamentales (los qué) y nos falta nada más "sentarnos a discutir" los cómo.
Los defensores de la reducción tecnocrática se presentan en todos los casos sobreestimando la "institucionalidad democrática" y subestimando el potencial del conflicto. Creen que los desacuerdos políticos se resuelven por medio de las elecciones y lo demás se arregla con políticas públicas. Piensan que nuestro problema es cómo asegurar una "buena gobernanza" y callan ante el grave problema que implica la polarización, la cercanía de la violencia y la puesta en marcha de todo tipo de dispositivos para perpetuar la expoliación y las injusticias.
La conducción de todo proyecto político supone un saber técnico capaz de traducirlo legislativamente y convertirlo en programas de gobierno. Reducirlo todo, sin embargo, a un asunto técnico, de políticas públicas, equivale a incurrir en un error lógico de gravedad y a apostar porque en México se pueda disfrazar cualquier mecanismo de expoliación público-privada de una decisión "técnicamente correcta".
Antes que exigir argumentos a los opositores, sería saludable para la república que los defensores del reduccionismo tecnocrático (y también podría decirse: el tecnocratismo reduccionista) examinen la justeza y corrección de lo que defienden. Todavía pueden corregir.

4 Comments:

At 2:09 AM, Blogger Otra Chilanga said...

Les invitamos a suscribir una carta abierta que será enviada a los funcionarios disfuncionales del INAH, el Conaculta y la SEP; con motivo del crimen de orden ambiental, social, cultural e histórico que la Minera San Xavier está cometiendo en Cerro de San Pedro, S.L.P.
Pueden encontrarla en nuestro blog; donde además encontrarán otro material con el que pretendemos sustentar nuestra demanda:

FUERA MINERA SAN XAVIER DE CERRO DE SAN PEDRO.

Respetuosamente:
La otra chilanga
nodo virtual de cambalache chorero sobre política

 
At 4:21 PM, Blogger Rafael Espinosa said...

Esta muy interesante su blog, pero podrían aumentar el ancho de la columna, ya que la lectura se vuelve un poco cansada... Saludos...

 
At 9:32 PM, Blogger barb michelen said...

Hello I just entered before I have to leave to the airport, it's been very nice to meet you, if you want here is the site I told you about where I type some stuff and make good money (I work from home): here it is

 
At 8:48 AM, Blogger jovenes peronistas salteños said...

En esta época de pragmatismo político, ha hecho carrera la tesis de
la muerte de las ideologías (Bell, 1992) o del fin de su confrontación
histórica (Fukuyama, 1992). Sin embargo, de tales afirmaciones cabe
citar la célebre frase de Don Juan Tenorio, personaje de José Zorrilla,
“los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”, pues lejos de de-
saparecer, las ideologías políticas no sólo se mantienen en la actuali-
dad sino que se revitalizan, como en el caso del liberalismo, o surgen
con fuerza, como en los casos del ambientalismo, el feminismo y el
nacionalismo.
Incluso, podría decirse que hoy las ideologías se reconceptuali-
zan y pasan de ser consideradas como falsa conciencia o deformación
de la realidad, a ser vistas como elementos constitutivos de la inter-
pretación del mundo de los actores políticos (Ricœur, 2001; Geertz,
1997).

 

Post a Comment

<< Home