Monday, September 25, 2006

Los invasores

Los evasores y los invasores
Presentamos un pequeño texto que se había perdido entre archivos, escrito a partir de un artículo de Carlos Elizondo Mayer-Sierra, connotado analista político muy apreciado por las empresas de comunicación y, por lo que podemos leer en su artículo, de una inteligencia feroz aunque difícil de tomar en serio, así que nos permitimos presentarlo aquí como una especie de divertimiento...

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Allá en los albores de los estudios de biología, un científico connotado había pasado muchos años estudiando a los renacuajos. Produjo interesantísimas disquisiciones sobre la relación entre morfología y comportamiento. Pudo dilucidar la relación exacta entre el número de manchas en el costado de un renacuajo y su tendencia a girar hacia la derecha o hacia la izquierda. Lo que no pudo determinar con precisión –en realidad no le dio importancia– es la relación que tenía este comportamiento con el lugar donde caía la piedra que aventaba durante sus observaciones.

Ahora que leí el artículo de Carlos Elizondo Mayer Sierra, “La república informal“ me acordé de aquel estudioso. Clasifica al ser humano –bueno, a los mexicanos– en dos partes, definidas en función de su estatus tributario. La primera categoría define a quienes sí pagan impuestos: está compuesta por los formales. La segunda, que no paga impuestos, por los informales. Cada una tiene, en función de ello, varias características.

De los especímenes de la primera categoría, menos determinados en sus características, tenemos que son ciudadanos, ocupan predios propios, tienen licencia de construcción, siempre pagan los productos que venden. Tienen una república formal con un nuevo gobierno que quiere aplicar la ley y a veces muerden sin recato (así dice). Por supuesto cuentan los votos, son demócratas, como lo acaban de constatar.

Los de la segunda, los evasores, tienen más atributos. Las investigaciones del Dr. CEMS han analizado con mayor detalle a los miembros de esta categoría y le han permitido desentrañar sus orígenes, su forma de actuar, sus objetivos ocultos, sus pensamientos y hasta sus deseos individuales. Son una “suerte de ciudadanos” ambulantes, pagan cuotas a sus líderes para vivir fuera de la ley, ocupan predios impropios o la calle para vender productos que a veces no pagan, participan en marchas y plantones, en unas ocasiones por razones propias y, en otras, por razones impropias. Son capitalinos y, por supuesto, son los que votan por el López Obrador. En el extremo violento –¿al sur?– se dedican al narcotráfico y la prostitución.

CEMS profundiza: Las autoridades formales surgidas del PRI, para sostenerse en el poder, pactaban, poquito, a cambio de impunidad, con los informales, por lo que éstos eran útiles en tiempos electorales e inútiles en no electorales. Las crisis registradas desde 1976 se explican por el daño fiscal que los informales han causado por ese pacto. El PRD heredó esta forma corporativa de relación y la aplica en gobiernos locales, pero muchote. El ciudadano leal al PRD paga el plantón y se roba la luz en complicidad con el sindicato aliado y con la venia del gobierno local.

En la parte más formal del país, salvo algunos, los formales votaron por Calderón y están enojados porque los informales quieren destruir lo “que tanto trabajo nos ha tomado construir.” El Dr. CEMS, claro, es formal. Y su rigor intelectual es asombroso y justifica plenamente su cargo de director del CIDE.

Aunque estaría bien que nos explicara en dónde sitúa, por ejemplo a Roberto Hernández, a Germán Larrea, a la magnífica empresa Isosa –que ya lleva un muerto–, o Jumex, Pepsico o Televisa. Tengo entendido que apoyan a Calderón, nuestro paladín del tax. Podría decirnos, en dónde metemos a los Bribiesca, Khoury, Fernández de Cevallos, Creel, Gamboa Patrón o a los dueños de Hildebrando y Botas Fox. Si la formalidad radica en el pago de impuestos, parece que caben más bien entre los informales, aunque no parezca que apoyen a la CND, a menos claro que se puedan situar en el extremo del grupo de los informales que menciona, relacionado con el narcotráfico y la prostitución, lo cual, en algunos casos no extrañaría, sobre todo por la afición de destacados formales aficionados a la pederastia en su modalidad beatífica. ¿O sólo es simulación?

Sería interesante que nos explicara cómo es que la devaluación al final del gobierno de López Portillo o los beneficios concentrados del crac bursátil con Miguel de la Madrid, o los 40 mil millones de dólares que salieron del país días después de asesinato de Colosio y el otro tanto que salió en horas con el errorcillo de diciembre, o siquiera, el billón de pesos del Fobaproa-ipab, y el otro tanto de los Pidiregas; vaya, cuando menos el medio billón de pesos que evaden los mayores consorcios del país cada año, nada tienen que ver con las crisis recurrentes que tanto trabajo les ha costado construir.

AS

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Aquí, el texto deslumbrante...

La república informal
Carlos Elizondo Mayer-Sierra

La economía informal no podría existir sin una república informal. No es simplemente la falta de empleo formal lo que empuja a la gente al ambulantaje, sino la existencia de dos mundos, uno que paga impuestos y sufre pesadas regulaciones y otro que paga cuotas a sus líderes para no vivir dentro de la ley. El crecimiento de los informales es muchas veces a costa de los formales, quienes no pueden competir con quienes no pagan a veces ni la mercancía que venden.
Todo miembro de la economía informal es una suerte de ciudadano de una república paralela en la que paga sus impuestos, las cuotas a los líderes. Ésta es a cambio de que los líderes negocien la protección de la autoridad para poder así ocupar terrenos que no son propios o la calle para vender, u operar sin las regulaciones de salud, protección laboral, o de transporte, por citar unos cuantos ejemplos. En un extremo violento de la república informal se encuentran las actividades delictivas, desde el narcotráfico a la prostitución, que requieren también de pactos con ciertos segmentos de la autoridad.
El pago que hacen va más allá del dinero, que puede ser mucho. Los ciudadanos de la república informal participan además en marchas y plantones. En ocasiones lo hacen por razones propias, como la defensa de algún espacio de impunidad frente a un nuevo gobierno que pretende aplicar la ley. En otras, son parte del arreglo con las autoridades formales que requieren de su apoyo para sostenerse en el poder, por lo cual son muy útiles en tiempos de elecciones.
El PRI basó su poder y capacidad de gobierno en la incorporación de todo tipo de organizaciones, formales e informales. El costo fiscal de sostener este estilo de gobierno explica en buena medida las crisis económicas de 1976 en adelante. Sin embargo, en el partido de la revolución institucionalizada, el peso de las organizaciones formales fue siempre mayor al de las informales. Coexistían las dos repúblicas, pero la informal era más pequeña y claramente subordinada a la formal.
El PRD, una vez en los gobiernos locales, heredó esa lógica corporativa. Pero la mayoría de los sindicatos siguen estando con el PRI, o se han movido a un partido propio, como los maestros. Hay excepciones, como el SME, el sindicato de los trabajadores de Luz y Fuerza del Centro, quienes son aliados del PRD y apoyan a los informales a través de conexiones ilegales de luz, sin importar el costo para la empresa que es su fuente de trabajo. Es lo de menos si ésta pierde, dado que está subsidiada por los impuestos de todos.
El ciudadano más aparentemente leal al PRD capitalino es miembro de la república informal. Son ellos los llamados a sostener el plantón en Reforma y en el Zócalo. No sólo con su presencia física, sino con sus recursos. Las cuotas son impuestos paralelos sobre cuyo gasto nada sabemos.
El PRD es revolucionario y democrático, no institucional. La informalidad, lejos de ser un problema, es vista por algunos de sus miembros como la semilla de una nueva república, que si no logran construir por la vía electoral, ha dicho ya López Obrador, la buscarán por la vía revolucionaria. No es, a pesar de sus reclamos, una revolución muy democrática en cuanto a los mecanismos de selección de los líderes de organismos informales y, a diferencia de una democracia formal en donde se cuentan los votos, acá se pide el apoyo en la plaza pública, la cual responde con unanimidad.
Muchos ciudadanos de la república formal votaron por López Obrador y aún le quedan muchos apoyos dentro de ésta. Sin embargo, en la parte del país donde la república formal es más extensa, el voto fue mayoritariamente por Calderón. El ciudadano capitalino más enojado con los plantones de la república informal se encuentra entre los sectores que viven de la economía formal.
Ciertamente, los ciudadanos de la república formal lo son muchas veces de dientes para afuera. No viven en predios ocupados, pero muchos han violado el reglamento de construcción. No pagan cuotas a un líder formal, pero muchos dan mordidas sin demasiado recato. Los impuestos, en general, sólo los pagan quienes no tienen opción por ser causantes cautivos.
La elección enfrentó a dos visiones sobre el país. Ahora el conflicto se ha movido a otra esfera, a la lucha entre una república formal que acatará la decisión del Tribunal y la informal, o por lo menos una parte de ésta, que desafiará a las instituciones del país, si el resultado no les favorece.
Para reunificar a las dos repúblicas se va a necesitar un mayor compromiso de los ciudadanos formales, que hoy, si acaso, se suelen contentar con votar. No puede haber una república formal estable si ésta no les da oportunidades a todos, pero tampoco puede haber una república formal que funcione si la informal no es acotada.
Hay simulación en nuestra república formal. Sin embargo, esto no se resuelve utilizando la república informal para construir una peor simulación, como es el llamado a una convención democrática fuera de la ley y sin reglas democráticas, sino fortaleciendo las instituciones que tanto trabajo nos ha tomado construir.

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