Saturday, August 12, 2006

Vuelta de Denise Dresser

Aquí está el texto de Denise Dresser, publicado apenas recientemente en Proceso. En él observa las debilidades de Calderón, tanto en la manera como al parecer está entendiendo el conflicto, como en la manera como lo está encarando.

No sabemos si a la comunidad pejista se le va a quitar la decepción que experimentó con Dresser a partir del artículo publicado hace unos días y comentado también aquí. Pero está claro que los planteamientos son de nuevo incisivos y dignos de ser tomados en cuenta.


Como es costumbre en este blog, añadimos más adelante una reflexión, que esperamos sirva para enfrentar estos días.


_______________
La debilidad de los pacíficos
Denise Dresser

"La fuerza de los pacíficos", dice Felipe Calderón. Una y otra vez. Repitiendo sin cesar palabras que también contribuyen a polarizar. Actuando como si su partido monopolizara la virtud cuando está lejos de hacerlo. Colocando a la población en los compartimientos que le convienen y desdeñando a quienes se rehúsan a ocuparlos. Evidenciando todo lo que no entiende. El país complejo, diverso, de ricos y pobres, de personas que lo apoyan y de millones que no lo hacen, de quienes creen en la legalidad y de quienes dudan de su existencia, de aquellos que ya votaron y de aquellos que exigen constatar si el país lo hizo limpiamente. Las demandas legítimas. La inviabilidad del status quo. Los agravios acumulados. Los deseos de cambio profundo. Y ante esa realidad, un "presidente electo" que insiste en más de lo mismo.

Más de los mismos spots que tantas divisiones causaron. Más de las mismas posturas complacientes que tanta animadversión generaron. Más de las mismas alianzas tácticas con el PRI que tan contraproducentes resultaron. Más del rechazo al recuento que el 70% de la población apoya. Como si los resultados de la elección no fueran un serio llamado de atención. Como si con tan sólo una decisión favorable del Trife, la partición del país fuera remontable. Como si la descalificación a quienes votaron por AMLO fuera suficiente para neutralizarlos. Como si el decir "México ya votó" fuera suficiente para eliminar las dudas que López Obrador ha logrado sembrar. Como si apelar a la ley fuera suficiente para que todos los mexicanos pudieran confiar en su aplicación. Así actúa hoy Felipe: asumiendo una posición de "fuerza" que revela su gran debilidad.

En las últimas semanas, las críticas se han centrado en el comportamiento de López Obrador y con razón. Pero su adversario también las merece. Con las palabras que pronuncia y las posiciones que asume, Calderón coloca sal sobre las heridas en lugar de contribuir a su cicatrización. Manda un mensaje de continuidad, cuando millones la han cuestionado. Sugiere que es necesario preservar las reglas de juego económico y político, cuando millones las han rechazado. Argumenta que es indispensable defender a las instituciones, cuando -con la excepción de aquellas que se han creado o reformado como IFE, el Trife, la Suprema Corte y el IFAI- muchas no existen para representar ciudadanos, sino para exprimirlos. Desde el 2 de julio, Calderón se dedica a defender al sistema existente, en lugar de plantear opciones significativas para su remodelación.

Y quienes lo acompañan actúan de la misma manera. Los legisladores panistas vacacionando en un hotel de lujo en la Riviera Maya. Josefina Vázquez Mota volando en un avión privado a Monterrey, con el objetivo de recaudar fondos para la campaña mediática contra López Obrador. Televisa ignorando la marcha en la que se anuncia el plantón, e intentando tapar el sol pantalla tras pantalla. Rubén Aguilar burlándose de AMLO y todos los que votaron por él. Vicente Fox usando un desplegado de intelectuales que piden una solución institucional, para apoyar políticamente a su candidato. Marta Sahagún amenazando al legislador que investiga a sus hijos y las fortunas que han logrado acumular. Todos actuando como siempre, cuando los resultados de la elección sugieren que ya no es posible. Que ya no es deseable. Que ya no es factible. Que será necesario gobernar de otra manera, compartir el poder de otra manera, entender la democracia de otra manera.

Pero la alianza panista con Elba Esther Gordillo subraya que Felipe Calderón piensa hacerlo igual. De la mano con una de las partes más podridas del PRI. Una mujer para quien la política es siempre acuerdos en lo oscurito, telefonemas secretos, negociaciones turbias, chantajes indecibles. Alguien cuya sola existencia explica la baja calidad de la educación en México, y la dificultad para reformarla. Alguien que siempre ha usado a la política no para representar, sino para extraer. Alguien que siempre ha visto al sindicato no como un vehículo de colaboración colectiva, sino como un instrumento de control personal. Movilizando a los maestros cada vez que quiere y lográndolo el día de la elección. Llamando a Felipe Calderón "presidente electo" porque ella ha asegurado que lo sea. La mujer que contribuyó a colocarlo a un par de pasos del trono, y ahora querrá compartir las llaves del reino.

Y allí está Felipe apostando a la colaboración con los peores de siempre -Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa- a la espera de sacar, ahora sí, las reformas. Felipe Calderón ni siquiera ha llegado a Los Pinos y ya ha transmitido la imagen de cómo será cuando llegue allí. El presidente de los intereses creados, de las televisoras protegidas, de los sindicatos apapachados, de los monopolios privados. El que para ganar se ha aliado con todos ellos. El que ya aseguró que seguirán produciendo como producen; controlando como controlan; repartiéndose el pastel como se lo reparten. Impasible ante el resentimiento; impávido ante las demandas; desdeñoso ante las dudas sobre la elección; pensando que bastarán 10 puntos para apaciguar al sur del país; rechazando contar los votos cuando le resultará difícil gobernar si no se examinan otra vez.

Decía Lyndon Johnson que la tarea más difícil para un presidente no es hacer lo que es correcto, sino saber lo que es correcto. Y Calderón parece no saberlo. Insiste en dividir al país en los pacíficos y en los violentos, en nosotros los buenos y ustedes los malos, en los ciudadanos que ya votaron y los que no tienen derecho a confirmar que sus votos se contaron bien. Al actuar de esa manera dinamita los espacios comunes antes que contribuir a su reconstrucción. Ahonda las divisiones que la elección ha revelado en lugar de ayudar a su superación. Demuestra que no entiende a los que apoyaron a AMLO y las esperanzas legítimas de una vida mejor que depositaron en él. Aprovecha los errores estratégicos de López Obrador para cerrar los ojos ante la causa necesaria que defiende.

Y Calderón dice ahora: "La mejor defensa contra los males que México ha superado y ha dejado en el pasado, son las instituciones construidas con paciencia y las leyes que regulan por parejo a todos". Lo afirma de manera categórica cuando México no ha superado gran parte de sus males; cuando las instituciones no funcionan para muchos mexicanos; cuando las leyes se aplican de manera dispareja para personajes privilegiados como Arturo Montiel y Mario Marín y Carlos Romero Deschamps, entre tantos más. Calderón lo afirma y subraya qué poco conoce al país, qué poco ha aprendido de la elección, qué pequeña es su capacidad política ante el tamaño del reto que tiene enfrente. El líder de los pacíficos, predicando a sus conversos y alienando aún más a quienes no lo son.

____________________________
El enigmático comportamiento de Calderón

Son dos ideas las principales del texto de Denise Dresser:

Primero, Calderón y su grupo persisten en más de lo mismo y eso resulta estratégicamente contraproducente;

Segundo, eso prueba que Calderón no entiende lo que pasa y que no tiene la capacidad política para enfrentar la situación.

A decir verdad, Calderón ha optado por una estrategia de enfrentamiento basado en los medios, pero antes de ello propuso acuerdos a AMLO, acuerdos que -debió suponerlo- serían rechazados. Trató de dividir a la coalición lopezobradorista y, al parecer, tampoco le funcionó.

En contraste con el enfoque adoptado por Dresser, que se centra en una presunta incapacidad de personal de Calderón para entender y para diseñar una estrategia política a la altura de las circunstancias, es posible examinar otra línea de análisis. Calderón se ha cerrado las opciones estratégicas con cada paso que ha dado, porque se encuentra atrapado en un callejón sin salida en materia de legitimidad. Cada decisión pasada le ha reducido las opciones hoy.

Al optar por la propaganda negra o guerra sucia, como se prefiera denominar, no podía ignorar que su triunfo, en caso de obtenerlo, lo colocaría ante una situación en que sería cuestionado, sobre todo si ya sabía del enorme liderazgo de López Obrador. Al optar, además, por una "ingeniería electoral" que, independientemente de cómo se la califique, suscitaría dudas y reclamos, no podía ignorar que lo llevaría a un problema de legitimidad.

En otras palabras, no podía dejar de prever lo que está sucediendo ahora. Para efectos prácticos, Calderón debió haberse preparado para un escenario en el que sería considerado, mayoritaria o ampliamente, como producto de una imposición. (Además, porque sabe que lo es, lo admita o no; pero, para efectos de este análisis, ese punto no viene al caso.) Ahora bien, si lo anterior es correcto, la estrategia por la que ha optado es una de las que puede desplegar, en una situación de reducción de opciones. Carece de sentido, por ejemplo, mantener ahora la "mano tendida" para un gobierno de coalición, sea por medio de cargos o por medio de fusión de programas. Es una opción que en este momento no le servirá. Prácticamente está fuera de sus opciones pronunciarse a favor de que se cuente voto por voto y casilla por casilla, porque en su momento rechazó el ofrecimiento, que era su mejor opción para desactivar el actual escenario. Lo cual hace pensar que, en efecto, algo debe, puesto que algo teme.

Los indicios de fraude encontrados en la virtual muestra elegida por el Tribunal serán tratados mediáticamente. La estrategia es obvia: mantenerse en la idea de que la legalidad de las operaciones del Tribunal le darán el acceso a la presidencia y que tendrá que enfrentar una tormenta que intentará apaciguar con una reforma electoral y nuevos "avances institucionales", todo ello procesado por la metralleta mediática puesta a su servicio (acaba de declarar que está preparado para ser un presidente sitiado). No tiene opción. Bueno, en realidad todavía podría pronunciarse por el conteo voto por voto y casilla por casilla; pero el que se haya cancelado esa opción vuelve bastante improbable que se pronuncie al respecto.

Ahora bien, si la situación presente era previsible, ¿por qué entonces el comportamiento descrito por Denise Dresser? Dejemos como última posibilidad que se trata de una opción irracional, no ajustada al fin perseguido. Exploremos algunas posibilidades.

1. Calderón mantiene la lógica de la escalada (cada vez se adoptan posturas más severas), hasta llevar a AMLO a una posición en que se vea obligado a negociar, ya sea por cansancio de sus seguidores o porque surta efecto la campaña de presentarlo como un loco. Es la hipótesis de la negociación forzada.
2. Calderón mantiene la lógica de la escalada porque cree a pie juntillas que se encuentra del lado de lo correcto jurídica y políticamente. Es la hipótesis de la convicción de la legalidad.
3. Calderón considera que el movimiento de AMLO, además del agotamiento, va a sufrir un aislamiento político, y en esa medida sólo espera los acontecimientos, que por lo demás no lo preocupan mayor cosa; y las referencias a "la fuerza de los pacíficos" es parte de una estrategia posterior para presentarse como el defensor de la legalidad y la mesura. Es la hipótesis de la espera estratégica.
4. Calderón se encuentra desesperado porque no pensó que el movimiento de AMLO pudiese durar tanto tiempo y tener tal intensidad; prepara un escenario en que de ser necesario echaría mano de la fuerza pública para asegurar su llegada a la presidencia. El riesgo de su estrategia consiste en que la fuerza política aún existente de (o detrás de) Fox lo sacrifique por un interinato. Es la hipótesis de la temeridad política.

Es posible que haya líneas explicativas adicionales, pero por el momento es posible explorar las mencionadas.

1. A propósito de la negociación forzada
Es una hipótesis que parece fuerte. Al conseguirse el efecto del agotamiento y/o la migración (gradual) de sus simpatizantes hacia 1) la duda, 2) el rechazo de los métodos, 3) la duda sobre los fines y 4) el rechazo del movimiento, el calderonismo espera que -si no López Obrador, tal vez alguno de sus operadores políticos- se acerque "realistamente" a negociar una "salida política".

Mantener esta línea de acción supone que Calderón tiene claridad acerca del índice de deserción de las filas de la coalición. O que tiene algún grado significativo de certidumbre acerca de que eso va a ocurrir. No conocemos esos cálculos, pero es necesario suponer que ese cálculo está hecho para sostener la hipótesis.


Sin embargo, esta hipótesis tendría que adoptar como supuesto que Calderón, en efecto, percibe que AMLO estáría dispuesto a negociar cuando llegue a un punto crítico la migración o cuando se agote la gente en la calle. No es probable que crea eso. El mensaje de AMLO es que si se queda sólo él solo seguirá la lucha. Si Calderón cree que se va a quedar solo, tendría que volver a pensarlo. El problema con esta hipótesis es que Calderón no podría sostener por mucho tiempo la actitud retadora, porque entorpecería el escenario de la negociación, que según esta hipótesis se encuentra en la mira.

2. A propósito de la convicción legal
Esta es una hipótesis débil. Calderón no podía ignorar, durante la campaña, que el tono y el contenido de los mensajes difundidos -a los que puede denominarse "propaganda negra" o "guerra sucia", según se prefiera- eran ilegales. Si hoy fuese un creyente convencido de que él está del lado de la ley, debería tener algún problema para conciliar esa creencia de hoy con lo que tendría que pensar sobre los spots de su campaña, cuando fueron considerados ilegales no por sus amigos del IFE, sino por un órgano jurisdiccional superior. Por lo demás, es improbable que haya creído entonces, por un audaz proceso mental, que no era ilegal el comportamiento de Fox. "No me ayuda", dijo alguna vez en una entrevista telefónica.
También es sabido, en mentideros, que cuando se encontraba en plenitud la discusión sobre pronunciarse acerca de que se contara voto por voto y casilla por casilla. Calderón manifestó con la cúpula política de la derecha que se pronunciaría a favor del voto por voto. Según las versiones conocidas, el propio Fox lo calló: nada de voto por voto. Esta nota apenas alcanzaría para afirmar -con las reservas del caso- que Calderón creía que estaba del lado de la ley. Después de la postura de Fox, sería imposible creerlo y no ser un ingenuo.
La hipótesis, en efecto, no es plausible. Hay que avanzar por otro lado.

3. A propósito de la espera estratégica
Esta es una hipotesis parecida a la primera, e incluso puede pensarse como una variante. Aquí la clave es que no necesariamente espera una negociación como salida, sino que el carácter "sitiado" de su eventual presidencia es una cuestión de tiempo. El apoyo de la izquierda es deseable, pero no a cualquier precio. El destino de la oposición política encabezada por AMLO resulta, desde esa perspectiva, irrelevante. A la pregunta ¿por qué mantiene un discurso de enfrentamiento?, se responde -en esta hipótesis-: no importa. De todas maneras, es cosa de tiempo y no importa tampoco el destino político de AMLO.
Parece plausible la idea de que Calderón está en una espera estratégica y que el tono enfrentador es sólo la forma de "no dejarse". En este caso, Calderón tiene enfrente el problema de que no podrá enfrentar los problemas de legitimación con los que ya carga y eso lo reducirá el campo de gobernabilidad a su eventual presidencia. Depende de que la metralleta mediática se ponga a su servicio, con el riesgo de que no le funcione.


4. A propósito de la temeridad política
Ésta no es una hipótesis que pueda rechazarse con facilidad. El supuesto principal es que no necesariamente existe afinidad polítco-estratégica entre Calderón y Fox, por poner dos nombres emblemáticos. El punto en que ambos se distancian está en que, llegado el caso y movilizando los recursos a su alcance, Fox estaría dispuesto a sacrificar a Calderón mediante su aceptación de que el Tribunal no emita la declaratoria de validez, sino que declare inválida la elección. Incluso, hay razones para pensar que el propioFox preparó este escenario, pues de otro modo, ¿cómo se explicaría que el presidente haya optado por hacer campaña abiertamente en contra de AMLO? En este caso, la idea es que preparó el escenario como posible, pero ello no necesariamente implica que vaya a ponerlo en marcha.
Si así están las cosas y si Calderón así lo percibe, entonces el estilo retador que está adoptando es una medida para colocar a Fox ante el escenario en que deba o bien echar mano de la fuerza pública y mandar a AMLO a las afueras de la política, o bien negociar con la anulación de toda la elección. En ese punto, Calderón tendría que calcular que Fox va a vacilar antes que sencillamente negociar el sacrificio de Calderón.
El estilo retador de Calderón sería entonces el producto de una lógica dirigida a presentarse como un mandatario con la suficiente firmeza para enfrentar adversarios duros, intransigentes, y capaces de gran movilización. Si le creen los respaldos políticos de la derecha, podría ser una estrategia exitosa. Y, por supuesto, puede ser ésta la explicación de su estilo retador.

Examen

Hasta aquí, hemos rechazado la segunda hipótesis, la de la convicción de la legalidad. Nos quedan tres opciones. ¿Con cuál quedarse? La idea de la negociación forzada pierde fuerza por el hecho de que supone que Calderón cree que AMLO va a acabar negociando. Esto es muy débil y sin embargo es necesario para sostener la hipótesis. La variante que puede revivir la hipótesis es que un ala del PRD emigre hacia la negociación, sin que ello incluya la limpieza de la elección; esto significaría con seguridad un fuerte costo electoral, porque es precisamente el estilo de AMLO el que le ha dado un capital político electoral nunca visto en la izquierda mexicana. Además, no hay indicios de que la Coalición esté aflojando en este punto. No es una hipótesis probable, por lo menos ahora. Si bien esta hipótesis no hay que descartarla, hay que admitir que no es más plausible que las otras dos, ni siquiera igual de plausible.

Nos queda la espera estratégica y la temeridad política. No creo que haya elementos para descartar ninguna de ellas. Podremos observarlo si se empiezan a manifestar indicios de que se produce la fracura entre el foxismo y el calderonismo. En tal caso, adquiere fuerza el escenario de la anulación. La espera estratégica depende de que se observe si los integrantes más importantes de la coalición de derecha (de algún modo hay que llamarla, ¿no?) opta por apoyar a Calderón y por rechazar la anulación. Creo que eso se podrá observar en la resolución del Tribunal. Ahí se van a presentar pronunciamientos acerca de dicha resolución. Pero como puede incrementarse la severidad de la resistencia civil, habrá que esperar qué tanto soporte político recibe Calderón de la coalición derechista.

Cierre
Hasta aquí. Ya se extendió este comentario y en algún momento habrá que poner un punto final. Para este comentario, ese punto llega aquí, pero no sin antes recordar que -como se ha visto- hay mucho más que puede analizarse, fuera de la aproximación de Dresser, que me parece, en el mejor de los casos, superficial.

Mauricio Sáez de Nanclares

1 Comments:

At 8:27 PM, Blogger ash said...

Hay un dato que podría apuntalar lo negociable de calderón. Fox controla la Cámara de Diputados y el yunque la de senadores a traves delo respectivos coordinadores recién nombrados. Es decir por lo pronto, ya sea sacfrificarlo con la anulación o, en el remoto -perece- caso de un vuelco que le dé la presidencia a amlo, el control de los grupos parlamentarios queda asegurado independientemente de Calderón.
Me parece más plausible el escenario del agotamiento de amlo. Calderón asume una presidencia sitiada; inmediatamente vienen los reconocimientos internacionales y los apoyos logísticos. La cargada para deshacer la coalición -ya se menciona que parte de convergencia estaría dispuesta a negociar, aunque puede ser buscapiés- y la represión, que ya no le pesaría en cuanto opinión internacional al obtener el reconocimiento, que de seguro, será inmediato.

 

Post a Comment

<< Home