Thursday, August 10, 2006

Sara Sefchovich responde

La señora Sara Sefchovich ha publicado en El Universal, con fecha 10 de agosto, una Respuesta a las observaciones que se han hecho al artículo de la semana pasada. Puesto que de aquí surgieron dos de esas observaciones, reproducimos íntegramente la respuesta de doña Sara.
El lector identificará en el primer párrafo la manera en que Sefchovich resume lo producido en las observaciones generadas en este blog:
1. "... exagera";
2. "Algunos me criticaban por«'hacer literatura»".

Una vez reducidas las dos observaciones generadas en este blog a miniversiones deformadas, lo principal está en la Respuesta que se encuentra en adelante. Diríase que la pelota está en esta cancha. Abrimos la opción de producir una nueva respuesta a esta Respuesta.
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Respuesta
Sara Sefchovich
10 de agosto de 2006

Muchos lectores me escribieron en relación con mi artículo de la semana pasada, en el cual criticaba la toma de las calles por simpatizantes de AMLO. En los correos hubo de todo, desde "la felicito" hasta "es usted fascista"; desde "se lo dije," hasta "exagera". Algunos me criticaban por "hacer literatura"; otros a partir de sus propias invenciones sobre mi persona: si soy o no mexicana, si soy "riquilla", si uso o no el Paseo de la Reforma. Hay quien me incluye entre los "intelectuales", dicho como un insulto y quien me acusa de recibir dinero por sostener mi posición. A todos ellos les agradezco que me lean y me escriban, y les devuelvo la siguiente reflexión:

Según Linda Egan, esta es una frase de Monsiváis: "En la batalla entre tú y el mundo, ponte del lado del mundo". La idea es exactamente opuesta a la de Gandhi: "Si el mundo no responde a tu llamado, camina, camina solo".

¿A cuál de esas consignas obedecer? La respuesta a esta pregunta se ha convertido, en los tiempos que corren, en crucial. Y como van las cosas, Gandhi resultará el perdedor, pues todo indica que atreverse a pensar diferente ya no es señal de valentía y convicciones, sino de estupidez y hasta de traición.

Hoy día hay que sumarse a la bola o arriesgarse a que lo anatematicen, en el sentido medieval de la palabra. No estoy hablando porque sí. Véase la reacción furibunda a las críticas que hicieron Carlos Monsiváis, Héctor Bonilla, Miguel Ángel Granados Chapa, Rolando Cordera (y la que esto escribe) a la toma de las calles de la ciudad como método de lucha y se entenderá cuando digo que aquí estamos descubriendo el sabor y los sinsabores de la unanimidad obligatoria.

Porque ninguno de ellos están contra AMLO y su causa, sino que criticaron un camino que les (nos) parece que afecta a demasiadas personas y que hasta resulta contraproducente. Pero la reacción fue la repetición de la historia europea de entreguerras, de la historia china posrevolucionaria, de la Argelia independentista, de la Revolución Cubana: esos momentos históricos cuando se niega el derecho a la mínima crítica y se exige comprar el paquete completo, so pretexto de que no es tiempo para disensiones y que para sostener "los supremos intereses de la lucha política y social," que se supone son "los supremos intereses del pueblo," es necesario evitar "desviaciones peligrosas". En consecuencia, se pide guardar para mejores épocas el recuento de los errores, la crítica a los métodos, la opinión divergente.

Me resulta doloroso ver a Monsiváis y a Bonilla teniendo que reafirmar públicamente su lealtad a la causa de AMLO, aquél con un desplegado, éste con sus declaraciones en el zócalo, como si alguien pudiera a estas alturas ponerla en duda. Y todo por el solo hecho de haberse "atrevido" a disentir de uno de sus métodos de lucha.

Y entonces pienso en las palabras de Gyorgy Lukacs, el gran intelectual y militante comunista húngaro, cuando durante el estalinismo tuvo que hacer lo mismo y al respecto dijo: "No vale la pena arriesgarse por rechazar una pequeña humillación, por el placer de actuar de un modo retador. Los revolucionarios necesitamos tener paciencia y valentía, el amor propio está de sobra. La época es difícil, ahorremos nuestras fuerzas".

Estamos viviendo un momento ideológico por el que ya pasaron el socialismo, el feminismo, la negritud, el latinoamericanismo y ahora el pan-arabismo, aquel donde con el pretexto de la causa, se deja de lado la democracia. Porque si ésta significa respeto, apertura a ideas diferentes, capacidad de crítica y autocrítica entonces aquí no la tenemos.

Pues lo que estamos viendo es que si alguien se atreve a ir mínimamente contra la corriente, contra la opinión generalizada, contra la decisión del líder, le cae encima la maldición, el enojo, la acusación de traición, la conversión automática en enemigo.

Mala cosa la de tener que estar reivindicándose, defendiéndose, explicando lo que se quiso decir, haciendo públicos actos de fe, todo para no quedarse afuera, para no ser acusado de traidor y enemigo. Mala cosa ésta de que se descalifique, insulte, ofenda, agreda a quien se atreve a pensar diferente. Mala cosa esta división que se ha hecho entre buenos y malos, ricos y pobres, intelectuales y pueblo.

Mala cosa creer que uno y sólo uno tiene la razón y la verdad y que los demás tenemos que acatar esa razón y esa verdad sin chistar. ¡Cuánto dolor le ha costado este modo de ser a la humanidad y ahora aquí estamos, nosotros también, en México, metidos en lo mismo!
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Nuevas reflexiones

Primera reflexión
Se viven en México épocas extraordinarias. Los criterios para valorar muchas de las situaciones que aquí se producen no tendrían que ser los de todos los días. Valoramos con criterios que ajustamos a las circunstancias. La reacción de la que nos da cuenta Sara Sefchovich a propósito de su artículo de la semana pasada es extraordinaria, porque con alta probabilidad cabe afirmar que no habría suscitado reacciones tantas si las circunstancias fuesen otras.

En este Bloque de Opinión la señora Sefchovich no ha sido anatemizada: no hay apremios para pensar homogéneamente. Las dos observaciones generadas en este Bloque se resumen así:

1. La primera observación resalta una tesis, ciertamente abstracta, que no por ello pierde su valor: exagerar no es analizar. El resto de esta primera observación detalla puntos en que hay exageración en su texto. Y al hacerlo, resta valor a la opinión expresada en el artículo. ¿Es eso apremiar para que ceda Sefchovich en su derecho a pensar como lo dé la gana? En verdad, no.

Del primer texto se desprende que hay una razón superior: resolver el conflicto político generado por la ausencia de certeza en las elecciones. Frente a eso, se ha pedido la comprensión de los demás ciudadanos. Del mismo modo que la reparación de una calle produce molestias e incluso irritación, la mayor parte de las personas lo terminan entendiendo porque hay una razón de mayor jerarquía frente a la cual resulta prudente valorar las molestias propias. ¿Por qué dedicarse a magnificar la razón menor, la de menor jerarquía? Sefchovich puede discutir si es defendible la idea de que hay razones de mayor y menor jerarquía. Pero no lo hace. Porque estamos de acuerdo en que poner entre comillas una idea no es, propiamente, abordar esa idea.

La exageración no está, pues, sólo en los detalles formulados por Schneider, sino en el hecho mismo de magnificar las "molestias" y minimizar la razón que -según se defiende- es de mayor jerarquía.

2. La segunda observación, de Ismael Carvallo, plantea que las opiniones vertidas en el varias veces mencionado texto de Sefchovich carecen de atingencia en relación con la materia de que se está tratando. No es que esté "mal" escribir con prosa literaria: si en esa prosa, sea o no efectivamente literaria, no existen elementos para entender lo que sucede, para penetrar en el carácter político de lo que está en juego, entonces hay que situar en su verdadero lugar el valor cognoscitivo de un texto así. Se trata de un texto que se presenta ante la opinión pública con el claro afán de lograr que lo dicho sea tomado en cuenta. Ahora bien, ¿cómo hay que valorar un texto que declara que no entiende nada?

Exploremos, sin embargo, una posibilidad. Es posible que el texto utilizara una figura retórica para dar a entender lo contrario de lo que dice: ironía. Pongamos que ése sea el caso. Si se está frente a algo que no se puede entender, incluso con buena fe, entonces ese algo que no se puede entender ingresa automáticamente al terreno del absurdo: el terreno del sinsentido, del disparate. Es posible, pues, que Sefchovich defienda, oblicuamente, la tesis de que la toma de Reforma es un absurdo, un disparate. Y para defender esa idea, sin duda que da razones, sea o no en un lenguaje pretendidamente literario.

La principal de esas razones es que la misma gente que ha apoyado a Andrés Manuel y probablemente simpatice con su causa, al verse afectada por la toma de Reforma, emigrará a la apatía o a otras simpatías políticas.

Pero incluso si tal fuera el caso, debería quedar claro que la macroacción de resistencia civil de la toma de Reforma no es un absurdo. Lo más que puede decirse es que es una apuesta arriesgada. Puede perder una gran parte de sus simpatizantes por una "ocurrencia", como lo dicen algunos de sus detractores. Pero no podemos saber si una apuesta arriesgada acabó siendo un absurdo mientras no veamos el resultado. Si fuese el caso de que Sefchovich quiere dar a entender que se trata de un absurdo y lo sostiene, entonces debería obtenerse como corolario que ella sabe cuál será el resultado. En otras palabras, AMLO se equivocó con una apuesta así, si hubiese sabido que de todas maneras no iba a conseguir el voto por voto/casilla por casilla.
Es posible que no se consiga, como ahora es cada vez más claro, pero no sabemos que lo hubiera sabido en el momento de correr el riesgo del megaplantón.

Uno de los puntos que, me parece, se desprende de lo anterior es que en México se tendrá que vivir un aprendizaje, sobre todo entre los formadores de opinión, a propósito de cómo se debe valorar la acción de un estilo político diferente. ¿Cuántas veces hemos visto un político que verdaderamente enfrenta riesgos? El comportamiento que se ha "normalizado" en México es el del político "prudente" que se rige por el criterio de antes negociar que mantenerse firme en sus convicciones. Para valorar a AMLO como un productor de sinsentidos, no es suficiente el hecho de que se lo distinga de los "normalizados". Porque el proceso de "normalización" de los estilos políticos en México ha sido el mismo proceso por el cual la actividad política ha perdido caudales de prestigio y se ha convertido en una fábrica de simulación y cinismo. Todos los estudios de cultura política arrojan ese resultado. Y ahora, con el surgimiento de un estilo de liderazgo político que se enfrenta a esa normalidad mediocre, no tardan los productores de opinión en clasificarlo de un productor de sinsentidos. ¿No es, eso sí, un disparate?

Hasta aquí llega esta reflexión a propósito del texto de Sefchovich. Soy partidario de que en el debate público los textos postulen tesis con claridad. La ironía, la ambigüedad y otras figuras, son útiles para muchas cosas, pero también para extraviar el entendimiento.

Y sobre la Respuesta de Sefchovich, entregaré una nueva reflexión en poco tiempo.

Mauricio Sáez de Nanclares
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Segunda reflexión
Doña Sara Sefchovich sitúa las reacciones suscitadas por su texto de la semana pasada como un agravio no sólo a ella, sino a la democracia. La citaré in extenso, con el permiso de los lectores:

"Estamos viviendo un momento ideológico por el que ya pasaron el socialismo, el feminismo, la negritud, el latinoamericanismo y ahora el pan-arabismo, aquel donde con el pretexto de la causa, se deja de lado la democracia. Porque si ésta significa respeto, apertura a ideas diferentes, capacidad de crítica y autocrítica entonces aquí no la tenemos.
Pues lo que estamos viendo es que si alguien se atreve a ir mínimamente contra la corriente, contra la opinión generalizada, contra la decisión del líder, le cae encima la maldición, el enojo, la acusación de traición, la conversión automática en enemigo". (Subrayado añadido.)

"Con el pretexto de la causa, se deja de lado la democracia", primer punto.

"... si ésta significa respeto, apertura a ideas diferentes, capacidad de crítica y autocrítica entonces aquí no la tenemos", segundo punto.

"...si alguien se atreve a ir mínimamente contra la corriente, contra la opinión generalizada, contra la decisión del líder, le cae encima la maldición, el enojo, la acusación de traición, la conversión automática en enemigo", tercer punto.

Los puntos primero y segundo se sintetizan así: con el pretexto de "la causa" se arrincona al que piensa diferente y se elimina la autocrítica.

Es posible. Lo que diré en descargo del Bloque de Opinión es que los dos textos preparados para doña Sara Sefchovich no eliminan la crítica: la asumen y responden. ¿Cuál es el problema con eso? Tal vez la mejor de las posibles respuestas sea una exaltación completamente innecesaria del voltairismo: "¡Bravo!, por el hecho de que opine en contra de nosotros, pero le refuto con lo siguiente..." Lo que hace este Bloque de Opinión es elidir la primera parte (¡Bravo, por opinar!) e ir directo al segundo punto. Por lo demás, me resulta evidente que "democracia" no significa "respeto, apertura a ideas diferentes, capacidad de crítica y autocrítica". Puede ser que la operación democrática estándar en el mundo suponga esos componentes, pero eso no es lo que significa. Seguro.

En definitiva, por lo menos en lo que hace a los textos producidos en este blog, la Respuesta es, de nuevo, exagerada.

Tercer punto. Es posible que haya ese tipo de reacciones. Pero, de nuevo, no es el caso de este blog. Aquí no se generan ni difunde nada parecido a "la maldición, el enojo, la acusación de traición, la conversión automática en enemigo". Aquí se trata de argumentos y razones.

El más importante aporte del debate a la vida pública es la depuración sistemática de malos argumentos. Es un patrimonio que Occidente ha legado a la humanidad y al que cabe llamar histórico, porque divide épocas en el mundo. Y esto es así independientemente del juicio valorativo que se asigne a la civilización que produjo este legado. Bloque de Opinión asume ese legado y lo lleva al plano en el que debe situarse el debate público: los malos argumentos se van. La persona que los defiende, si así lo decide, se queda, porque siempre estará invitada a participar de esta verdadera República del Pensamiento. No basta, pues, con que cada persona diga "sus verdades", porque no hay verdades personales. Que se resuelva aquí, con argumentos y, por ello, razones.


Mauricio Sáez de Nanclares
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1 Comments:

At 11:47 PM, Blogger gaby revueltas said...

El trabajo en el blog es indispensable, te vuelvo a felicitar ampliamente Mauricio, la idea deberá hacer reunir a los otros ateneistas. De hecho como si existira una "institución" debemos firmar:
"juaranganito de tal: ateneo los días terrenales."

Félix proponía esto y de hecho muy enojado, decía "vamos a necesitar todo un ejercito" Consideremos que somos un escuadrón.
Distribuyámonos a los columnistas y produscamos contrargumentaciones al menos una vez a la semana. Hay material para aventar pa arriba y para abajo. ¿Dónde veo el "banco de argumentos"?
otro que podría sumarse a la crítica a Sefchovich es que el pensar por si sola y disfrutar de ese privilegio no solo es condición de la democracia y que por necia que sea la postura en sí declara ser "superior" a la de los seguidores cegados por AMLO pero cree ser independiente. No asume que ella misma representa la expresión de "la comodidad no alterada" en su vida, opina pero parece no asumir que estamos bajo uno de los conflictos sobre la disputa del poder mas fuertes de los últimos sexenios.
Un abrazo: gabriela

 

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