Friday, August 18, 2006

Rapados con peluquín

Sobre el artículo “La comuna de Aztlán” de Raymundo Rivapalacio (RR), publicado el 16 de agosto de 2006 y reproducido abajo.


Desde el título, RR establece una analogía que se confirma en el desarrollo del artículo con la comuna de París, pero no porque intente desentrañar las condiciones que dieron lugar a aquel episodio histórico y contrastarlas con lo que hoy contemplamos con el plantón. Más allá de la imprecisión de alrededor de 80 años entre la Revolución Francesa y la Comuna de París de 1871, que fue, efectivamente, gobierno provisional local después de guerra franco-prusiana, los paralelismos apuntados –“La ‘comuna de Aztlán’ tiene ese carácter de naturaleza festiva que en París aglutinaba a obreros, comerciantes y a burgueses radicales, que colectivamente tenía entre sus objetivos la reforma económica. […] era un gobierno insurreccional de la autoridad de París que estuvo al frente de la administración local”– desaparecen en el desarrollo para ubicarse en dos figuras centrales de la Revolución: Robespierre y Danton.

El paralelismo no es gratuito. El discurso de RR se asienta en la necesidad de configurar la “personalidad” del líder político que encabeza la mayor movilización política de nuestra historia reciente y relanzar la lectura de sus acciones en la óptica de la justificación de la violencia represiva.

Se inscribe, así, por un lado, en la línea trazada por Enrique Krauze y que ha sido ampliamente utilizada como fundamento de los “análisis” de la mayoría de los llamados líderes de opinión, destacadamente, Jesús y Federico Reyes Heroles, Jorge G. Castañeda, Soledad Loaeza, el propio RR en otros artículos, Denise Dresser, Ciro Gómez Leyva, y muchos más.

Sin embargo, RR va más allá, quizás porque a pesar del alud de artículos que parten del mesianismo tropical y recurren lo mismo a la apelación sensiblera y subjetivista, hasta la apología legalista y la hipostasía institucional, la intención de mostrar a amlo como un loco ávido de poder no ha tenido muchos resultados para desmovilizar a sus apoyos.

Andrés Manuel López Obrador ya no es sólo el demagogo y populista que sólo mira al pasado, el mesías iluminado por una misión salvadora, sino el extremista revolucionario que ha impuesto su régimen de terror a sus propios correligionarios. “López Obrador es la síntesis macuspeña de dos de los más grandes hombres de aquella época, Maximilien Robespierre y Georges Danton” […] “Tendría que relajar su Reino de Terror, en la lógica dantoniana, para que puedan sacar adelante el plan de acción propuesto. La ruta de Robespierre, quien mandó guillotinar a su viejo compañero de armas Danton por moderado, no es la mejor.”

La línea de acción propuesta por amlo el domingo pasado, fundada en la plataforma política de cinco puntos parece estar dirigida, según la lectura de RR, a los parlamentarios de la Coalición, a quienes urge deslindarse de amlo, pues de seguir en “su lógica rebespierrana” perderán toda posibilidad de impulsar en el congreso una agenda, de la que pregunta: “¿alguien puede criticar esos planteamientos?” y cierra el párrafo con una afirmación que a la plutocracia en el poder le causaría, cuando menos, un fruncir de cejas o una sonrisa socarrona: “Lo que fue un mandato del electorado en su conjunto el 2 de julio, López Obrador lo propone como parte de su programa posterior a la toma de posesión de Calderón.”

La única manera de sostener lo del “mandato del electorado en su conjunto” es aceptar que AMLO ganó la elección, dado que esos puntos están en su plataforma electoral, que no en la de Calderón. No son objetivos propuestos a la luz del conflicto electoral sino los planteamientos de fondo de una plataforma de gobierno que impulsó la Coalición. A menos que la “Ley Televisa” se inscriba en el concepto de “medios de comunicación con responsabilidad social”, o que el “rechazo total a privatizaciones de todo tipo” sea el hilo conductor, por ejemplo, de los Contratos de Servicios Múltiples relanzados por Fox, o que “la renovación de las instituciones” sea el motivo profundo de la defensa a ultranza de la actuación de los consejeros del IFE, que han desplegado desde todos los foros posibles quienes mantienen la tesis de una elección ejemplar.

La contradicción es más que evidente, y para no dejar duda de que de lo que se trata no es de ser congruente, sino de abonar a un propósito es el cierre, de antología: “La Comuna de París no es análoga con la comuna de Aztlán, pero las lecciones son las mismas: la historia, no hay que olvidarlo, se recicla.” Se confirma, pues, que el recurso de mencionar la comuna y, sobre todo al “terror” revolucionario”, seguida de la sentencia final –la historia se recicla- es advertir que AMLO va en la ruta de instaurar un régimen de terror. De nuevo, con otra cara, el peligro para México.

Con este texto, sumado al publicado días antes, en el que RR hace el recuento de las “ilegalidades” que han cometido AMLO, sus huestes y, particularmente, el GDF, pero además, en la misma línea del publicado por Jorge G. Castañeda, son una amenaza contra AMLO y el movimiento en su conjunto: al GDF le advierten que le tienen armado un expediente judicial y político de gran magnitud –aunque bastante endeble, por lo que expone RR-; al PRD y los partidos coligados, que serán excluidos de los órganos parlamentarios y, por tanto, de las decisiones trascendentes y que serán arrastrados a la picota por su líder; a la sociedad nos advierte de la amenaza que representa el que las huestes lopezobradoristas tomen el poder: la comuna sirvió de base para que “los comuneros revolucionarios” tomaran las Tullerías, guillotinaran al rey y a la reina y se hicieran del poder.

“La comuna de Aztlán no es análoga a la de París”, nos dice, después de construir, a lo largo del artículo, la analogía del terror que nos espera si López Obrador continúa en la ruta trazada.

Como se puede apreciar, RR retoma varias ideas que han sido expuestas en otros lugares por otras voces y por él mismo, algunas explícitas y otras que están en el sustrato, implícitas
1. La elección fue ejemplar
2. AMLO perdió limpiamente
3. AMLO está desquiciado, es mesiánico y terrorista
4. El PRD reformista debe deslindarse del revolucionario;
5. Si AMLO no se “institucionaliza” perderá su capital político.
6. Institucionalizarse significa desistir de sus demandas y reconocer su derrota.
7. Si no reconoce su derrota y sigue el cauce institucional, se justifica la violencia. Castañeda es más conciso: a Fox no le queda más remedio que reprimir.

Lo que parece nuevo es lo siguiente:

1. La sociedad votó “en conjunto” por una agenda política que reconoce la necesidad de una impronta “social” en el programa de gobierno.
2. La derecha triunfante acepta el “mandato” y lo acatará

Lástima que no podamos esperar, ni de RR ni de los demás opinadores, una demostración plausible de esta última afirmación.

Si nos atenemos al supuesto de que AMLO perdió y que el tribunal ratificará dicho resultado –supuesto original del discurso hegemónico–, ¿de dónde se sigue el hecho insólito de que una votación “del electorado en su conjunto” en favor del programa político del perdedor le dé el triunfo a su contrincante? El psicólogo de cabecera del régimen, Enrique Krauze, debe tener una explicación plausible, o bien, es el simple reconocimiento de la imposición de Felipe Calderón.

Ahora bien, ¿Calderón y la coalición de intereses que lo apoyó están dispuestos a tirar a la basura su proyecto político-económico al asumir el poder? Nunca visto.

Lo que se está poniendo en la mesa es la oferta de abrir espacios de actuación política a la “izquierda reformista, sensata, institucional, moderada”, particularmente a sectores del PRD y de los partidos coligados, con tal de aislar a Andrés Manuel López Obrador. A cambio se negociaría una agenda “social” que les permita, a los reformistas, actuar en esos espacios.

Sin duda, la estrategia de dividir a la Coalición no dejará de tener resultados, pero no hay razón objetiva, ni una, para que podamos esperar, de consumarse la imposición, que el próximo gobierno impulse algo más que un Oportunidades ampliado. De lo que sí hay certezas, es de que seguirá la marcha, incontestable institucionalmente, de las reformas estructurales que ansía ver cristalizadas nuestra pacífica plutocracia gobernante.

Alberto Schneider



Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
16 de agosto de 2006


La comuna de Aztlán
¿Estamos viendo un cambio de estrategia postelectoral de López Obrador? Sólo así, dentro de la institucionalidad, podrá ser un verdadero líder social
P ara quien está familiarizado con la Revolución Francesa, el megaplantón en la ciudad de México evoca fuertemente a la Comuna de París. Tiene ese carácter de naturaleza festiva que en París aglutinaba a obreros, comerciantes y a burgueses radicales, que colectivamente tenía entre sus objetivos la reforma económica. Finalmente, la Revolución Francesa había tenido como sedimento la carga impositiva al trigo que encolerizó a los campesinos, que el ministro de Finanzas de Luis XVI, Jacques Necker, había instaurado para financiar el creciente déficit monumental derivado de la participación francesa en la Revolución Americana y en los exóticos gastos de la monarquía que los grupos privilegiados se habían negado a solventar.
La Comuna de París, uno de los episodios históricos más estudiados y polémicos, era un gobierno insurreccional de la autoridad de París que estuvo al frente de la administración local únicamente durante dos meses, pero que sentó las bases para el ataque sobre las Tullerías, en lo que era el palacio real del Louvre, que significó el derrocamiento de la monarquía. Luis XVI y su extravagante esposa María Antonieta no sólo terminarían en la guillotina, sino que los comuneros revolucionarios, que hasta ese momento sólo eran una parte importante de la Asamblea Nacional que había tenido que convocar el rey de Francia como paliativo de la crisis política y económica, se hicieron del poder.
El megaplantón en la ciudad de México no ha llegado a esos extremos, pero su líder revolucionario -quiere la "purificación" de las instituciones y la "transformación profunda" de la República-, Andrés Manuel López Obrador, está instalado en aquella lógica política de hace poco más de 200 años. López Obrador es la síntesis macuspeña de dos de los más grandes hombres de aquella época, Maximilien Robespierre y Georges Danton. Del primero tiene la integridad a toda prueba y el radicalismo que, en el caso del francés, lo llevó a la instauración de la época del Reino del Terror, en la cual sus camaradas revolucionarios fueron pasando paulatinamente por la guillotina. De Danton, quien controló el primer Comité de Salud que reprimió a los no incondicionales, recoge esa elocuencia oratoria que le granjeó un enorme apoyo popular, que llevó a un análisis dual sobre su personalidad, de estadista para unos, a populista y demagogo para otros.
López Obrador se ha mantenido en esa dicotomía. Hay uno robespierrano el lunes 7 de agosto frente al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, totalmente rupturista con todas las instituciones e insurreccional. Hay uno dantoniano, el del domingo 13, que se inscribe en la segunda parte de la etapa revolucionaria de Danton, cuando al regresar de un exilio, ante la crisis por las primeras derrotas militares de la Francia revolucionaria y los escándalos públicos de varios de sus amigos, criticó la dictadura que había contribuido a construir, y propuso relajar el Reino del Terror, moderando su posición y buscando salidas políticas a la crisis nacional y a la crisis del rendimiento decreciente que afrontaban los líderes revolucionarios.
En el discurso de este domingo, López Obrador volvió a ocuparse de la consigna "voto por voto, casilla por casilla", pero en una forma bastante tenue, comparativamente hablando con pronunciamientos anteriores, y elaborando una nueva ruta de navegación de su protesta política. "Está comenzando una etapa nueva en la vida pública de México", afirmó en el Zócalo. "Con el apoyo y la decisión de la gente, con el poder soberano del pueblo, llevaremos a cabo los cambios y las transformaciones que necesita el país". Sin declararse perdedor de la elección presidencial -que sería un absurdo planteárselo en su lógica-, propuso cinco objetivos que no sólo le dan el respiro que requiere el movimiento para mantener la fibra de la resistencia, sino que le podrían permitir, si la inteligencia se impone ante la eventualidad de que valide el tribunal electoral la victoria de Felipe Calderón, tener una intensa vida política después del primero de diciembre.
Esos cinco objetivos parecen instrucciones directas a los senadores y diputados del PRD electos para que sus 15 millones de votos no se vayan a la basura: combate a la pobreza y a la desigualdad, rechazo total a privatizaciones de todo tipo, medios de comunicación con responsabilidad social, lucha contra la corrupción y la impunidad, y la renovación de las instituciones. Su nueva agenda política es bienvenida. De hecho, ¿alguien puede criticar esos planteamientos? Lo que fue un mandato del electorado en su conjunto el 2 de julio, López Obrador lo propone como parte de su programa posterior a la toma de posesión de Calderón.
Su discurso no es lo violento que afirman que es. Ciertamente es espectacular, pero cuidadoso en extremo. Nunca le otorgará un gramo de legitimidad a Calderón, pero no habla de la insurrección para impedir que tome posesión, sino la movilización y la presencia para protestar cuando se le entregue la constancia de mayoría. No anticipa impedir al presidente Vicente Fox dar su último informe de gobierno, sino estar presentes para expresarle su protesta. No dice que tomará el Palacio Nacional para desde ahí dar su grito de Independencia, sino de que, en el Zócalo, celebrará la fiesta. Y sobre realizar el 16 de septiembre en el Zócalo una Convención Nacional Democrática, pese a que ese día es el desfile militar, no deja de ser, como la llamó, una "propuesta" que debe entenderse más en la retórica política que en una amenaza de hechos.
El problema con López Obrador es que es imprevisible hasta en sus discursos. A veces se enoja mucho y dice unas cosas; luego se arrepiente y corrige. Pero los tiempos políticos se están achicando velozmente y se espera que el Tribunal Electoral emita un fallo definitivo el 26 de agosto. Si mantiene su lógica robespierrana de sojuzgamiento de los legisladores perredistas electos, quedarán fuera de toda negociación de las comisiones legislativas importantes, y su plan de gobierno alterno no tendrá promotores en el Congreso. Tendría que relajar su Reino de Terror, en la lógica dantoniana, para que puedan sacar adelante el plan de acción propuesto. La ruta de Robespierre, quien mandó guillotinar a su viejo compañero de armas Danton por moderado, no es la mejor. Si mantiene la tensión dentro del PRD, es muy probable que le digan hasta aquí y empiece el deslinde, como sucedió con Robespierre, quien cuando sus leales en la Convención Nacional entraron en pánico por el advenimiento de nuevas purgas, se aliaron con sus enemigos, lo derrocaron y lo mandaron, en su turno político, a la guillotina. La Comuna de París no es análoga con la comuna de Aztlán, pero las lecciones son las mismas: la historia, no hay que olvidarlo, se recicla.
rriva@eluniversal.com.mx

1 Comments:

At 8:49 PM, Blogger Eratóstenes Horamarcada said...

Es indignante este abuso que se hace de las comparaciones de figuras actuales con "figuras históricas". Alguien me pasó una vez un artículo de José Manuel Villalpando que me sentí obligado a responder (http://elpedotedefecal.blogspot.com/2006/06/vicente-guerrero-un-peligro-para-mxico.html), con más calor que talento. Es necesario preocuparnos por emprender una crítica de los intelectuales "liberales".

 

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