Thursday, August 10, 2006

Jorge G. Castañeda: ¿Tontos útiles o Inteligencia inútil?

Aquí está el incisivo Jorge G. Castañeda, quien, con su característico estilo provocador, pone una nueva trampa a sus interlocutores. Al siguiente texto se le puede discutir desde varios puntos de vista. A partir de la historia del movimiento de izquierda en el mundo, tanto en Europa, en Rusia, como en (la oscuramente llamada) América Latina. Se le puede discutir a partir de poner en cuestión la distinción entre Reforma y Revolución (muy de moda hace unos cien años). Se le puede discutir a partir de si es empíricamente verdadero que en el seno del PRD hay quienes ven las cosas en términos de reforma vs. revolución y de los cuales da señas más o menos particulares. Se le puede discutir si "le retour du refoulé" (el regreso de lo reprimido no resuelto) no será lo que el propio Castañeda padece o experimenta a propósito de su relación con Fidel y todo lo que tenga que ver con Cuba-Revolución. Se le puede discutir a propósito de su acerba "crítica" a la izquierda mexicana.

Varias de estas líneas de discusión conducen a un montón de paja. Veamos si hay algo interesante, digno de mención.

Pero veamos primero lo que escribe el mismísimo Castañeda.

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Tontos útiles
Jorge G. Castañeda

Cuentan que hace unos años, al término de una larga conversación que sacó muy a flote los desacuerdos que los separan, López Obrador le espetó a Felipe González: "el problema contigo es que eres un social-demócrata, un reformista". A lo que el ex presidente de España dijo: "pues sí, pero no creo que sea un problema, y además al término de mis 13 años de gobierno en España, es bastante evidente". Palabras más o menos, el diálogo ilustra el problema de fondo que vive México hoy. La izquierda mexicana, representada principal más no sólo por el PRD y LO, sigue presa de la vieja división entre reformistas y revolucionarios: reforma o revolución.

En otros países, desde Europa hasta Chile, desde la India hasta El Salvador, la izquierda parece haber superado las divergencias y cicatrizado las heridas que empezaron a finales del siglo XIX con los debates entre Marx, Lasalle, Kautsky y Bernstein, que prosiguieron con la fundación de la Tercera Internacional por Lenin y Trotsky y las escisiones de los partidos socialistas (Congresos de Tours y Livorno, entre otros) esas divergencias tuvieron su más nítida expresión en AL mucho más tarde con la irrupción en la escena de la Revolución Cubana y la pugna feroz entre castristas y comunistas, ilustrada por el magistral pero desacertado texto de Debray ¿Revolución en la revolución? y que desembocó en la muerte del Che.

Es cierto que en algunos países subsisten resabios del pasado: a Lula se le ha abierto una escisión del PT hacia su izquierda, y los Sin Tierra se considera el ala revolucionaria del PT, aunque sean minoritarios. Es cierto que aun sobrevive un pequeño PC en Chile y en España, pero de revolucionarios ya tienen muy poco, si alguna vez fueron. Pero en términos generales, la izquierda en el mundo ha ido abandonando la idea de revolución, por muchas razones, pero sobre todo por una: han fracasado y así no se ganan elecciones.

Sólo que en México, una corriente del PRD no ha podido enterrar para siempre su nostalgia revolucionaria. En dicha corriente figuran algunos ex miembros del PCM, ex integrantes de ACNR, de las guerrillas y movimientos estudiantiles (CEU, CGH, etcétera) de los setenta, ochenta y noventa. A ellos se suma ahora uno que otro intelectual trasnochado y ex priistas desbrujulados, y a su cabeza se ha colocado LO. Él obviamente no cree en la revolución -sólo cree en sí mismo- pero usa a los tontos útiles que sí creen.

Una consigna y dos proclamas ejemplifican de maravilla la vigencia de la revolución: "si no hay solución habrá revolución"; "la democracia es una vía, la más importante para hacer realidad la justicia social"; "ya no sólo va a ser el reclamo por el recuento de los votos, vamos a iniciar el movimiento para transformar a las instituciones de nuestro país". Entre el proyecto alternativo de nación, los plantones y cierres de carreteras hay una conexión, esa sí, indestructible, para esos fines (la revolución): todos los medios son válidos, unos sirven mejor que otros; y sin esos medios los fines son inalcanzables. La corriente revolucionaria del PRD asomó su cabeza en 94, con el alzamiento zapatista: más allá del entusiasmo por la aparición de una "guerrilla heroica" en México, la frase clave fue "compartimos su causa mas no sus medios". Pero la verdadera causa de la Primera Declaración de la Selva Lacandona entonces, y de una parte de los seguidores de LO hoy es la misma: la revolución. La vertiente revolucionaria del PRD no busca ni el recuento de votos, ni siquiera la anulación y el interinato, menos construir la democracia. Ese sector busca "la trasformación revolucionaria de México" (lo que esto quiera decir). Y tiene chantajeado al sector reformista del PRD, que también existe, pero que no se atreve a dar la cara porque será tildado inmediatamente de traidor, cobarde, vendido, social-demócrata y reformista, como Felipe González.

Durante los años de plomo de la Internacional Comunista, la prueba de ácido para distinguir entre reformistas y revolucionarios era el apoyo incondicional a la URSS y a Stalin. En México hoy, una de las piedras de toque de la convicción revolucionaria es, inevitablemente, la fidelidad a Fidel, "más que un hermano mayor, es el papá de todos nosotros, los revolucionarios de este continente" como le dijo ayer Chávez. La gran hazaña de Fidel en AL, para bien o para mal, fue haber inventado la revolución en un subcontinente donde ya no existía, destruida por la burocracia comunista y los demagogos populistas. Su paso a la historia seguramente significará el fin de la idea de revolución tal y como ha existido desde hace más de medio siglo en AL. En muchos países la izquierda rompió con Fidel y enterró la revolución. México no rompió con Cuba y no enterró la revolución; no renunció a ella y por tanto no cortó con Castro. Va junto con pegado. Pero las cuentas que no se saldan vuelven por sus fueros; si la revolución no desaparece, reaparece. Es "le retour du refoulé" (el regreso de lo reprimido no resuelto). La interminable ira de La Habana y la ultra contra el que escribe proviene de una frase clave pronunciada como secretario de Relaciones Exteriores en febrero de 2002: "ha terminado la era de las relaciones entre el gobierno de México y la Revolución Cubana; empieza la era de las relaciones entre el gobierno de México y el gobierno de Cuba".

Mientras la totalidad de la izquierda mexicana no abdique de la revolución y se vuelva reformista, no ganará elecciones; mientras no se deshaga de la idea mítica del paraíso terrenal ("soberano, educado y saludable") representado por la Revolución Cubana, no se volverá reformista. Son decisiones desgarradoras, sobre todo cuando no se entienden.

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Bloque de Opinión
La inutilidad del inteligente

Sigamos un procedimiento elemental. Planteemos dos preguntas:

1. ¿Qué hace Castañeda con/en este texto?

2. ¿Qué dice el texto para hacer lo que hace?

Vamos, como es debido, por partes.

1. Castañeda tira un anzuelo para dividir al PRD
No es difícil identificar la lógica estratégica de "el que escribe", o sea, Castañeda: les dice a los "inteligentes" (reformistas) del PRD que los tontos ("revolucionarios") los tienen chantajeados, por la manipulación de AMLO. Por tanto, son más tontos que los tontos revolucionarios y los llama a que opongan una resistencia "reformista-inteligente" a AMLO y a los tontos-revolucionarios. ¿Resultado? División del movimiento y puesta en crisis el liderazgo de AMLO.

2. Castañeda pone el texto en un universo semántico pretendidamente “de izquierda” para construir su interlocutor
Primero, postula que aquel que cree en la revolución es un tonto, en el sentido de que es el opuesto del "individuo racional" de la ciencia social estándar contemporánea, porque sus convicciones políticas le impiden optar por las estrategias adecuadas que lo lleven a conseguir triunfos electorales. El argumento se desprende del enfoque rational choice.

Segundo, aplica esa categoría a algunos del PRD, que tienen chantajeados a los "racionales" (los que están a favor de optar por métodos electoralmente fructíferos). El argumento se basa en un saber -empírico pero arcano- disponible de manera privilegiada para Castañeda. Es una parte débil del texto.

Tercero, utiliza la distinción reforma vs. revolución para aplicar la categoría de tontos a los que, según él, viven atrapados en esa dicotomía. Es una operación secundaria en la lógica global del texto; pienso que es mal negocio discutir este punto.

Cuarto, introduce el tema de Fidel de una manera no inocente: si, como es previsible, muere en un futuro no lejano, la izquierda mexicana tendrá la oportunidad de romper con la Revolución; es el momento para que el liderazgo de López Obrador se esfume mediante un procedimiento estratégico del "ala reformista", que debería adelantarse y suscribir la ruptura con la Revolución cubana y, por esa vía, con el "revolucionarismo tonto", que le resulta funcional a AMLO. Sin embargo, el argumento que funciona de base es débil: la prueba de que existe el tonto revolucionario es que nadie ha roto con la Revolución. No sólo débil, falaz. Es como decir: la prueba de que Fox es un cachorro del Imperio es que no ha roto con Bush. Peor aún: el extraordinario capital político acumulado por la izquierda se ha obtenido por medio de una estrategia audaz. ¿En verdad es electoralmente irracional utilizar esa estrategia habida cuenta de los resultados obtenidos?

En mi opinión, con eso basta. No hay que contraargumentar nada. El texto, una vez analizado, por sí solo muestra que se trata de una vulgar intriga política, característica del inteligente Castañeda, envuelta –eso sí– en un lenguaje accesible a "la izquierda". ¿De verdad creerá que engaña a alguien?

Mauricio Sáez de Nanclares

1 Comments:

At 4:34 PM, Blogger rmunoz said...

Me parece qu el artículo de Castañeda no es si no un ladrillo más en la construcción del "AMLO revolucionario."
Como nada en el discurso de López Obrador indica que sus fines sean radicales, analistas como Ezra Shabot han adivinado cuales son sus verdaderas e inconfesables intenciones.
Otros, como J. G. Castañeda, centran su crítica en los métodos, supuestamente revolucionarios, de AMLO. Aunque no se pueda sostener seriamente, en este momento, que López Obrador haya roto con la legalidad.
Finalmente, J. G. Castañeda y otros pretenden hacer de AMLO un "revolucionario por proximidad," al señalar el apoyo que le brindan ciertos membretes de una (más fantástica que real) izquierda revolucionaria.
En el plano de los hechos, es fácil constatar que todas y cada una de las supuestas acciones radicales de AMLO no han sido si no respuestas a los intentos del gobierno federal y sus aliados por negarle el acceso a él, y a todos los que por él se ven representados, a la arena política.
No puede uno menos que notar la intolerancia y la esterechez de una élite gobernante, que percibe, y busca que se perciba, cualquier propuesta de reforma, por más suave y comedida que sea, como una invitación al caos y la destrucción.

 

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