Sunday, August 13, 2006

Inteligentes de diseño

Con dedicatoria especial a Jorge G. Castañeda
y al funcionario del IFE que ante los paquetes electorales abiertos declaró:
“son tan frágiles que se abren solos”.

Cuando no estés muy seguro de lo que vas a decir,
es preferible mantener la boca cerrada,
aun pasando por estúpido,
que abrirla y despejar así cualquier género de duda...
Mark Twain

Somos millones de mexicanos. Dudamos de la pulcritud del proceso electoral. Cuestionamos de fondo la elección presidencial. Estamos convencidos de que el presunto triunfo de Calderón es ilegítimo mientras no pase por una revisión exhaustiva del proceso electoral en su conjunto. En primer lugar: la operación y el funcionamiento del IFE, desde actuaciones ilegales del Consejo General y de consejos distritales hasta la insaculación, la capacitación y la integración real de las mesas de casilla. Es impostergable, por supuesto, el conteo y cómputo voto por voto y casilla por casilla. Debemos sumar lo que ha resultado evidente en la revisión ordenada por el Tribunal: la paquetería fue violada. Toda o prácticamente toda. En todos los distritos se encontraron paquetes abiertos; en muchos, no sólo los que iban a ser revisados; en muchos más, la mayoría. Debieran anularse. Habrá de verse qué resuelve un tribunal, que oscurece su actuación al negar el paso a representantes de partidos para verificar el estado de los paquetes al momento de abrir el recinto que los resguarda.

Tenemos razones, fundadas en hechos, para dudar. El proceso del desafuero dejó claro a millones de mexicanos que desde el poder se impediría que Andrés Manuel López Obrador llegara a la Presidencia de la República. Este propósito se confirma al paso del tiempo. Desde las precampañas, precandidatos de todos los partidos contendieron entre sí sin dejar de descalificar a López Obrador. El titular del Ejecutivo Federal y sus dependencias utilizaron cuantiosos recursos para desacreditarlo; la señora esposa del Presidente manejó fideicomisos dentro y fuera del país, cuyos recursos recayeron en instituciones de asistencia privada y organizaciones civiles, de cuyas cuentas hay completa oscuridad, aunque haya nuevos bancos. Durante las campañas fuimos testigos de ilegales estategias mediáticas promovidas por el CCE, consorcios industriales y de la comunicación, así como de jerarquías eclesiásticas, que alentaron con mentiras el miedo a perderlo todo entre una población de por diezmada por la pobreza. Está documentada la intromisión de privados, familiares o no, en el uso de instrumentos oficiales como el padrón electoral, el de Oportunidades y el SAT, mediante herramientas informáticas, para el soporte de las estrategias de campaña de Felipe Calderón.

La actividad política de la cúpula magisterial y su estructura nacional en favor de este partido fue abierta y permanente. No se puede soslayar que se trata un sindicato que por sí solo podría cubrir la totalidad de los funcionarios de casilla y cuya acción abarca desde los presidentes de la República y del Consejo General del IFE, hasta el Partido Nueva Alianza, pasando por instituciones académicas como el ITAM, gobernadores, congresistas de tres o más partidos y, particularmente, la operación electoral. Quienes conocen al IFE y al SNTE saben que ha sido partícipe destacado en los procesos electorales; de años ha. Insistimos: no está clara la integración real de las mesas de casilla, para no hablar de la soga en casa del ahorcado: la magistral danza de las cifras.

Hoy es claro que lo que tanto espanta a la coalición plutocrática no es un mesías tropical y sus huestes de tontos útiles, como nos ha llamado un exsecretario de Relaciones Exteriores a esos millones que exigimos certeza –tan simple–, aunque nos insulte el pacífico señor desde su atalaya en Miami, aliado de quienes comprobadamente se robaron la elección presidencial en Florida e hicieron ganar, junto con Ohio, a George W. Bush; fieles del diseño inteligente y el rational choice. Somos millones de mexicanos que no aceptamos a Felipe Calderón como presidente electo, tal cual está expuesto hasta el día de hoy. Esto es lo que ha desatado la ira de mega ricos, la histeria y la desinformación mediáticas, tanto como la amenaza de represión y las disquisiciones pseudoliterarias de autoinstituidos padres y madres de la democracia, que no limpian ni sus finas anteojeras, menos una elección; que nos hablen mejor del humo del habano.

Lo que pretenden ocultar con tal tozudez es que no sólo se tergiversó el resultado sino que se hizo de varia manera y a gran escala. El secretario de Comunicaciones y Transportes lo explicó bien: se sobregiraron, y apenas les alcanzó: dos votos por casilla hacen su diferencia.
Hoy se confirma: paquetes abiertos, sellos rotos, boletas desperdigadas, votos de más y de menos, votantes de más y de menos, ausencia de listas nominales; y lo que se acumule. Impecable. Recordemos que la rectificación inmediata después del PREP redujo la diferencia en 140 mil votos. Hoy, a la mitad de la revisión ordenada por el Tribunal, un tercio del escuálido universo de casillas sujetas al proceso amerita nulidad. Tan sólo eso hace casi un millón de votos a favor de Andrés Manuel López Obrador.

El Tribunal podrá darle legalidad al presunto presidente electo pero no legitimidad si no extiende la revisión. La imposición es lo más delgado del tejido político de nuestros días. Por eso decimos: voto por voto, casilla por casilla.

Alberto Schneider

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