Saturday, August 12, 2006

Ezra Shabot: Lección acerca de cómo desperdiciar el espacio público

Nos hacen llegar este texto de Ezra Shabot, conocido en el medio por un programa radiofónico dedicado a sesudos -y, en ocasiones, bastante menos que sesudos- análisis, al que ha dado en llamar Poder y dinero (como si en México tuviera sentido introducir la sutil distinción establecida mediante la conjunción "y").

Este artículo fue publicado en Reforma el día viernes 11 de agosto.

Hemos preferido utilizar este texto para desarrollar una especie de lección acerca de cómo la invaluable oportunidad que tienen quienes ocupan un espacio de difusión privilegiada de puntos de vista en ocasiones termina en un doloroso despilfarro.

Así que, señores, señoras, niños, niñas, dispongámonos a disfrutar de un buen rato, notoriamente instructivo, a propósito del texto que se nos ha hecho llegar.

Advertencia: hemos subrayado del texto algunas expresiones. Se clarificará más adelante el sentido de esta distinción gráfica.
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Ezra Shabot
Basta

La Ciudad de México fue tomada como rehén por su propio jefe de Gobierno, al estilo de las mafias que amenazaban y brindaban protección a sus clientes

La vida democrática institucional se caracteriza por poseer instrumentos de negociación lo suficientemente poderosos como para soportar conflictos agudos y largos y encontrar soluciones viables. El problema postelectoral, derivado de comicios cerrados y una campaña agresiva previa, llegó a su clímax en el momento en que el candidato de la coalición Por el Bien de Todos asumió el resultado como un desafío personal y se apropió no sólo de las instancias propias de su partido, sino del movimiento en su totalidad. Habiendo considerado a todo el sistema político-electoral como producto de la conspiración, una sola pieza quedaba con posibilidades de ser reconocida en su integridad ética, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

La resolución emitida el sábado pasado por esa instancia jurídica, según la cual el proceso electoral se desarrolló de acuerdo a los procedimientos reconocidos legalmente, y por lo tanto sí existió certeza sobre el resultado emitido, canceló la posibilidad de un conteo total de los votos. En ese momento el Tribunal dejó de ser la tabla de salvación de la coalición, para incorporarse al grupo de corruptos y conspiradores conformado prácticamente por todos aquellos no dispuestos a reconocer la victoria ficticia de López Obrador. Con cada evento que reafirma la validez del proceso electoral, la mente del líder mesiánico crea nuevos episodios de la leyenda de la conspiración.

Desde los imaginarios diálogos de Salinas con Calderón y Fox, hasta los correos electrónicos de César Nava con Juan Molinar en donde se reproducen los criterios del Tribunal Electoral, la mentalidad persecutoria de López Obrador se asemeja a la de los fiscales de la Gestapo y la KGB, en donde cualquier acontecimiento común y corriente se convertía en una prueba irrefutable de la culpabilidad de los conspiradores. No en vano, la figura de Stalin está presente en el Zócalo como símbolo de una parte del movimiento encabezado por el tabasqueño.

El bloqueo de Reforma como demostración de fuerza no es producto de un acto de resistencia civil en contra de un régimen autoritario y antidemocrático, como aquellos encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel Clouthier entre otros. Es, por el contrario, una agresión inclemente en contra de las instituciones de una democracia notablemente imperfecta, por parte de aquellos que, desde el autoritarismo mismo, se alzan como redentores de la sociedad. No es fortuito que el mismo Cuauhtémoc Cárdenas, su hijo Lázaro y algunos otros rechacen las medidas de fuerza por considerarlas contrarias al interés de su propio partido.

El PRD construyó a través de López Obrador su opción para llegar al poder, pero terminó por perder el partido mismo en manos de un Frankenstein que sin contrapeso alguno toma decisiones, paraliza la ciudad y amenaza con incendiar al país en nombre de la democracia. El ejercicio permanente de preguntarle a la masa aquello que él ha decidido previamente, es un indicador claro de que las instancias del partido han desaparecido y que nada ni nadie detienen al desilusionado déspota. Sin embargo, ha llegado la hora de que esta democracia imperfecta ponga un alto a la desmedida voracidad del caudillo.

La Ciudad de México ha sido semiparalizada por su propio gobierno, en un acto de vergonzosa concentración excesiva del poder que, entre otras cosas, demuestra la pequeñez de un político como Alejandro Encinas, cuya actuación es similar a la de un jefe de la mafia que negocia la protección para sus clientes cautivos. Una vez que dentro de unos días el Tribunal Electoral emita su dictamen definitivo, llegará el momento de aplicar la ley, y actuar en consecuencia sin temer las acusaciones de represión. La memoria histórica de los ciudadanos es corta, pero dentro de tres años, al acercarse el próximo proceso electoral habrá que recordar los abusos de aquellos que intentaron sabotear la democracia mexicana. Basta.
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Lección: Cómo desperdiciar el espacio público



El texto de Shabot queda puesto aquí con fines ilustrativos. Sirve magníficamente para observar de qué modo se puede desperdiciar un espacio en el debate público por medio de un texto notablemente precario en su capacidad argumentativa y al mismo tiempo prolijo en adjetivos, descalificaciones y arengas. En el texto, previamente transcrito, hemos señalado con otro color expresiones que, al parecer, vienen a ilustrar la inclinación del autor por adjetivar a diestra y siniestra. Iniciemos, pues, esta lección.

Precariedad argumentativa I
Hay un problema serio con la concatenación entre los enunciados. Obsérvense, con fines ilustrativos, los que aparecen en el segundo párrafo (el primero podemos ignorarlo, pues es un solo enunciado que simula notificar al lector un acontecimiento del cual seguramente está enterado; pero lo hace con un lenguaje que recuerda un cierto amarillismo noticioso, como el que Shabot utiliza en la radio todos los días:

  1. La vida democrática institucional se caracteriza por poseer instrumentos de negociación lo suficientemente poderosos como para soportar conflictos agudos y largos y encontrar soluciones viables.
  2. El problema postelectoral, derivado de comicios cerrados y una campaña agresiva previa, llegó a su clímax en el momento en que el candidato de la coalición Por el Bien de Todos asumió el resultado como un desafío personal y se apropió no sólo de las instancias propias de su partido, sino del movimiento en su totalidad.
  3. Habiendo considerado a todo el sistema político-electoral como producto de la conspiración, una sola pieza quedaba con posibilidades de ser reconocida en su integridad ética, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

¿Qué conexión estima el lector que hay entre el primer enunciado y el segundo? Vamos, lector, sea cooperativo. Intentemos ayudar a Ezra. Una forma relativamente práctica de obtener una conexión entre dos enunciados –entendidos aquí como aquellos que terminan con un “punto y seguido”– consiste en encontrar un conector entre ellos. Los conectores indican la relación entre dos enunciados. Algunos son para reafirmar lo dicho con anterioridad. Otros sirven para resumir lo anterior. Otros más, para poner un énfasis. Otros para anunciar que viene un ejemplo. Otros, para desarrollar una idea adversa. Y hay varios más. ¿Cuál podría ser?

Reafirmar lo dicho: En efecto, en otras palabras...
Introducir una idea adversa de la anterior: Sin embargo, pero, no obstante..
Resumir lo anterior: En otras palabras, En resumen...
Anunciar un ejemplo: Por ejemplo, a modo de ejemplo, Considérese a guisa de ejemplo...
Conceder un punto para afirmar o reafirmar otro: A pesar de que, No obstante que (de)
Indicar causalidad entre lo anterior y el enunciado siguiente:Como consecuencia de lo anterior, por eso, debido a ello.
Indicar causalidad entre el enunciado siguiente y el anterior: porque, debido a, esto se debe...
Para cambiar de tema (normalmente se usa para cambio de párrafo o de capítulo): En otro orden de ideas, pasando a otras cosas, En cuanto a...

Hay más posibilidades, pero examinemos a partir de las anteriores.

De estos ejemplos encuentro que la conexión entre el primer enunciado y el segundo sólo puede entenderse, a partir de los intentos expuestos, con el conector “pasando a otras cosas”, es decir, como si se tratara de un cambio de tema. Shabot fracasa en esta concatenación. Si alguien encuentra una conexión razonable, estaremos agradecidos de incluirla. Por lo pronto yo diría que si al texto se le borra el primer enunciado simplemente no pasa nada: esa especie de “marco teórico” de Shabot se desvanece por su impertinencia e inocuidad. Con franqueza, el primer enunciado es vil paja y al parecer sólo cumple la función de dar una apariencia teórica o intelectual a lo que será, como decía, una serie un tanto caótica de epítetos, descalificaciones y arengas.

Entre el segundo y el tercer enunciado sí parece haber una conexión, de corte causal. Como AMLO hizo su “berrinche” por el resultado electoral, por eso se apropió del partido y el movimiento. Por eso, descalificó a todo mundo y sólo dejó vivo al Tribunal. Otra cosa diferente es que exista esa conexión causal, que Shabot postula y que –por supuesto– jamás defiende o prueba. Le parecerá obvio, o pensará que a los lectores les parecerá obvio y, por tanto, no merece la pena detenerse a construir alguna razón que defienda su dicho.

Precariedad argumentativa II
Una vez llegados a este punto… Esperen. Veo ojos somnolientos. Veo bostezos a punto de aparecer en escena. Veo ojos llorosos de sueño. Está bien. En efecto, se trata de un texto en el que prácticamente todo es así. Carente de argumentación, ya no digamos sólida: argumentación a secas. Me parece un verdadero desafío encontrar algo que se encuentre defendido por algo más que los prejuicios de Shabot y sus lectores de siempre.

Me detendré en dos puntos y acabamos, ¿les parece?

La afirmación central de este texto se encuentra en el título. Por tanto, en realidad no era necesario leer más. Dice “Ya basta”, en una evocación un tanto dolorosa del mismo grito salido de la Selva Lacandona hace más de 12 años, con la pequeña diferencia de que ahora no proviene de un indio perteneciente a la vasta mayoría de miserables mexicanos, sino de un indignado citadino que para colmo resulta ser un influyente integrante del stablishment político-mediático del país. Qué cosas tiene la vida, no cabe duda.

Ya basta, ¿con qué? Es muy sencillo: Shabot, vociferante, exige al gobierno del Distrito Federal que cuando el Tribunal Electoral emita su dictamen (quiso decir “resolución”, pero no importa) “llegará el momento de aplicar la ley, y actuar en consecuencia sin temer las acusaciones de represión”. Eso querrá decir o bien que se le debe echar la policía a los acampamentados por la democracia, o bien que se debe echar a Encinas de la jefatura de gobierno del DF. Además, en un pronóstico electoral que puede calificarse de temerario, postula que el PRD lo pagará en las próximas elecciones de 2009. Hasta aquí el primer punto.

Párrafos antes de la arenga shabotiana, aparece algo así como la justificación de que se eche a los acampamentados: no tienen la razón, conforme a lo dicho por el Tribunal. Veamos. “La resolución emitida el sábado pasado por esa instancia jurídica [significa que] el proceso electoral se desarrolló de acuerdo a los procedimientos reconocidos legalmente, y por lo tanto sí existió certeza sobre el resultado emitido”.

He añadido el “significa que”, porque tal es el sentido de lo que dice Shabot y ello puede verificarse leyendo (lo siento, señores, así es esto) el tercer párrafo. Lo que me siento obligado a comentar es que Shabot simplemente no ha entendido la resolución. No puede interpretarse la resolución en el sentido de que “sí hubo certeza sobre el resultado emitido”, por dos razones:

Primera

Porque si así fuera, resultaría un completo sinsentido que el Tribunal haya ordenado volver a contar 11,839 casillas. Para estos casos, señores, lo mejor es utilizar el sentido común.

Segunda

Lo que se puede desprender de la resolución del Tribunal es que los procedimientos indicados en el Cofipe y aplicados –siempre según el Tribunal– por los funcionarios de casilla ofrecen certeza, en el sentido de que los participantes sabían lo que iba a ocurrir en cada momento. Es un procedimiento previsible y además reproducible (se pueden reconstruir los procesos, porque "dejan huella", sentenció hace un tiempo el consejero Rodrigo Morales).

Según el Tribunal no hay razones para suponer que si hay error o dolo en una casilla, por eso va haberlos en otras casillas.

Las dos razones por las que se “canceló la posibilidad de un conteo total de los votos” es que, por un lado, no se impugnaron todas las casillas; y, por otro, que el Tribunal coligió que no porque en el distrito 15 del Distrito Federal haya habido anomalías, irregularidades o dolo, se puede extrapolar a otras casillas y otros distritos. Nada de esto significa que no se haya defraudado el voto público, la voluntad de los ciudadanos.

Él dirá que tampoco se ha probado que eso último haya ocurrido. Pero se le puede responder sencillamente con el hecho de que el miniconteo ha arrojado como uno de sus subproductos el que la Coalición “ha logrado acreditar que muchas de las actas verificadas no responden fielmente al contenido de los paquetes electorales”, como lo apunta Mauricio Merino en su artículo del 12 de agosto en El Universal. En otras palabras, la demanda ciudadana a propósito de la cual se ha realizado el megaplantón no ha carecido de razón.

Él dirá que no se pueden extrapolar los resultados de esta pequeña parte de las casillas al resto. Y tendrá razón. Pero por eso precisamente tiene sentido mantener la demanda de que se vuelvan a contar todos. ¿Qué va a hacer el Tribunal si las anomalías son significativas, si una extrapolación simple llegara a producir un cambio en los resultados y si, en suma, resulta que la elección no fue lo perfecta e impecable que han vociferado personajes como el propio Shabot y el mismísimo IFE?

La respuesta de Shabot es muy sencilla: hay que echarle la policía a los acampamentados. Además de no conectar enunciados, Shabot tampoco conecta la situación actual con un poco –tampoco se pide mucho– de sentido común.

Propongo que aquí hay que dejar este penoso espectáculo. La clase ha terminado

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