Wednesday, August 09, 2006

¡Articulista demuestra que sabe contar!

“Si un golpe de Estado es la toma del poder por encima de la ley, Andrés Manuel López Obrador ha impulsado desde el 2 de julio el golpe electoral que lo lleve a palacio nacional contra la voluntad de la mayoría. En un lapso breve ha pisoteado al IFE, acorralado al TEPJF, defenestrado a observadores internacionales y a su tropa, instituido el referéndum que valide su afán, tomado la capital y vuelto al país su rehén. El repaso del Pejegolpe es perentorio.”

Este es el primer párrafo de la cronología que, bajo el título de “Pejegolpe”, Gerardo Ochoa Sandy pergreña en la revista Confabulario de El Universal el 5 de agosto.

De entrada califica a AMLO de golpista; es decir, López Obrador se sitúa fuera de la ley y se ha dispuesto a tomar el poder “contra la voluntad de la mayoría”. Le parece perentoria la necesidad de hacer la crónica de este propósito y lo hace en un santiamén: “En un lapso breve (el “peje”) ha pisoteado al IFE, acorralado al TEPJF, defenestrado a observadores internacionales y a su tropa, instituido el referéndum que valide su afán, tomado la capital y vuelto al país su rehén.”

Por lo pronto sólo unas observaciones: el peje –como le decimos– no defenestró a ningún observador, a menos que usted cuente con los datos precisos de cuándo y cómo arrojó por la ventana a algún observador y, sobre todo, a los 693 observadores que observaron, seguramente con la acuciosidad de usted, las más de 130 mil casillas. Tampoco los pudo haber destituido o expulsado de su encargo, ya que no los nombró él. Me extraña que en su acucioso recuento no registre ninguna de las dos cosas, pues tales son los significados de la palabra defenestrar. ¿A la tropa de quién? ¿Del peje o de los observadores? ¿Lo dice por aquello de “un ejército de observadores”, frase común en estos días, o por el ejército del peje?, del cual usted debe tener información reservada, confidencial, propia de los servicios de inteligencia, pues hasta dónde yo sé nadie en el plantón se considera reclutado. El referéndum existe desde hace mucho tiempo, así que tampoco lo instituyó el peje. ¿Tomado la capital? Vaya hipérbole: para su información, sólo están tomadas dos calles, el Zócalo y la avenida Reforma. Puede usted asomarse a la calle sin temor. La última afirmación la comprende sólo usted: supongo que utiliza “vuelto” por “convertido”. De nuevo la hipérbole sustituye a los argumentos.

Parecería que estas observaciones son intrascendentes; sin embargo, no lo son porque apuntan al meollo de su disquisición: Su texto pretende hacer el recuento –perentorio dice usted, como si lo imposible de prorrogar no fuera aclarar el proceso electoral en su conjunto y tener certeza jurídica y política de sus resultados–, detallado y conciso del proceso, pero se escuda en la imprecisión, en la ligereza y en la falsedad, por no decir la mentira.

Es una lástima que su esfuerzo por la acuciosidad para registrar horarios, cifras y cantidades no le permitan, en primer lugar, proveer de argumentos a su largo texto para sostener sus afirmaciones iniciales y, en segundo, registrar otras facetas, importantes, del asunto. Es una lástima que haya perdido el tiempo contabilizando algunos datos, que le acomodan, pero se le hayan olvidado –¿olvidado?– algunos otros: el paraje San Juan; el desafuero, la campaña mediática permanente de Fox (dos millones de pesos diarios) o, ya entrados en periodo electoral, la campaña contra AMLO basada en la estigmatización de Hugo Chávez; la propaganda ilegal del CCE y empresas afines para atemorizar a las personas mal informadas; la ineptitud y la ilegalidad de los consejeros electorales, tanto los federales como de una buena parte de los distritales, que abrieron paquetes después del cómputo distrital; los 1,700 millones de pesos gastados por Fox en espots de radio y televisión sólo en los tres meses previos a la elección, así como los 900 millones de pesos que le entregó a Elba Esther días antes de la jornada electoral; la eliminación selectiva de ciudadanos insaculados y su sustitución por otros, sin explicación ni justificación; la falsificación de actas; la intimidación de ciudadanos pobres, el uso ilegal del programa Oportunidades, del padrón electoral y de recursos informáticos del Estado para el diseño de la estrategia de operación política de Calderón, para no hablar de que el número de casillas con irregularidades ha ido pasando de poco más de dos mil –en el conteo del PREP– a más de 11 mil que acredita el tribunal en el primer recurso, pasando por aquéllas miles de las que el IFE no informó a los ciudadanos y que significaron una reducción de más de 140 mil votos para Calderón –una bicoca.

Tampoco registra su texto los siete millones de correos electrónicos enviados desde las oficinas de dos secretarios de Estado, en los que se denigra al peje, se le acusa de tener objetivos aviesos –ahora sabemos, gracias a usted, que en realidad pretendía dar un golpe de Estado. Se le olvida que desde la Fepade se litiga a favor del PAN, en concreto desde la Dirección General de Información y Política Criminal en Materia de Delitos Electorales –por lo visto se tomaron de manera literal lo de política criminal– a cuya titular le atribuye uno de los dos “epitafios” de AMLO, concediéndole toda su credibilidad. Registra usted, muy puntual, la “agresión” a Calderón perpretada en medio del EMP por “un simpatizante del PRD y presunto empleado de la Secretaría de Seguridad Pública”. Tiene usted el prurito de repetir lo que dijo Manuel Espina, pero se abstiene de citarlo. ¿Será porque el atentado contra el campamento –que tampoco menciona usted- fue realizado por un empleado de éste líder del PAN en el DF, a quien se le están acabando sus empleados: dos de ellos fueron detenidos hace un par de meses con armas de uso exclusivo del ejército, drogas y propaganda electoral, naturalmente pacífica.

En fin, su recuento es como el cómputo distrital: sólo lo que conviene. ¡Felicidades, se ve que sabe contar!

Alberto Schneider

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