Sunday, July 23, 2006

Sobre la opinión de Jesús Reyes-Heroles G.G.

El 21 de julio de 2006 Jesús Reyes Heroles G.G. publicó en El Universal el artículo que se transcribe más abajo.
Oportunamente, Bloque de Opinión opone una puntual respuesta, la cual se publica aquí, debajo del artículo de Reyes Heroles.

1. El artículo de Jesús Reyes-Heroles G.G.

Impunidad política
Jesús Reyes- Heroles G.G.
21 de julio de 2006


La evolución del país es incesante, pero su avance se presenta por bloques. El inicio de los periodos sexenales ha marcado, y lo sigue haciendo, puntos de inflexión en ese proceso de cambio ininterrumpido. El de ahora dejará una huella muy profunda en el devenir nacional.

Muchas características de México no se modificarán de cuajo. La próxima administración iniciará su esfuerzo en un país de desarrollo medio, que se distingue por su heterogeneidad étnica y social, marcado por diferencias enormes y lacerantes entre quienes más tienen y quienes nada poseen, rezagado en transformaciones estructurales respecto de otros países, con déficit sustancial de infraestructura, en especial de la urbana, con un producto que crece mucho menos de lo necesario, que por falta de oportunidades expulsa más de 400 mil ciudadanos cada año, con una economía de mercado, y vecino de Estados Unidos.

Sin embargo, en muchos otros aspectos México será muy distinto a partir del próximo 1 de diciembre. Quizá la diferencia más importante sea que una tercera parte de la ciudadanía estará decepcionada de la democracia, poco identificada con un programa de gobierno que no sentirá suyo, con frustración por lo que considerará un escenario poco promisorio y falto de oportunidades, y movida por el rencor producto del discurso polarizante de López Obrador y de las respuestas que provoca, capaces de prolongar su encono. Desde la elección de 1988 no se presentaba una mezcla tan desafortunada, justo cuando el inicio de una nueva administración permitiría actualizar políticas y renovar la esperanza de paz, democracia, prosperidad y equidad.

Los activos institucionales también estarán muy mellados. En primer lugar, la Presidencia de la República, como resultado de estilos personales que más que transmitir sencillez y afabilidad, acabaron siendo objeto de burla (el Presidente con la camiseta verde, la cara pintada, y golpeando la cabeza de su esposa). A esto suma la práctica cotidiana y con frecuencia indispensable de aclarar "lo que Vicente quiso decir", los desmentidos desde la Casa Blanca y, en general, una percepción de falta de autoridad que vulnera la esencia de la Presidencia. Los partidos políticos, en vez de actuar como agentes de cambio se mostraron como barreras a la participación política de simpatizantes y militantes, así como factores de inmovilismo y rezago. Además, sus liderazgos acabaron muy desprestigiados y objeto de un amplio rechazo de la ciudadanía. Los gobernadores se quedaron a medio camino, sin constituirse como ejes reales del poder de sus partidos. Llevará muchos meses reconstruirlos.

El saldo definitivo del daño causado al IFE, y eventualmente al Trife, está por determinarse. A pesar del esfuerzo de algunos líderes de opinión por poner el desempeño del IFE en perspectiva, la última encuesta nacional en hogares de GEA-ISA señala que el porcentaje de los ciudadanos que afirmaba que el IFE garantizaba la imparcialidad de las elecciones disminuyó de 79% en junio a 56% en julio. Esto responde directamente a que 76% de quienes votaron por AMLO afirman que el IFE no es confiable. La factura final estará inevitablemente marcada por el fallo del Trife que, sin duda, será insatisfactorio para AMLO y su círculo más cercano. Según la encuesta referida, 50% de los ciudadanos está en desacuerdo con que AMLO impugne los resultados ante el Trife, y el mismo porcentaje cree que el tribunal es un juez imparcial. Además, 57% está contra las movilizaciones del PRD. Sólo el tiempo podrá sanar de manera definitiva las heridas que este proceso le infligirá a las autoridades electorales.

La tensión, fricciones y enfrentamientos asociados con la campaña, la elección y el periodo postelectoral afectaron el ánimo social en el sentido de reforzar, para unos, su resistencia y oposición a reformas estructurales adicionales. Es previsible una actitud de gran cerrazón al respecto por parte de la cúpula del PRD, más que de sus bases. De continuar las cosas como van, así como los errores de AMLO, ese partido dañará gravemente a la izquierda en su conjunto, debido a sus planteamientos delirantes y actitudes de populismo, intransigencia y autoritarismo. La izquierda crítica, heredera de la visión de los partidos comunistas europeos y coincidente con las experiencias de izquierda exitosas en América Latina, quedará enterrada debajo de una regresión hacia el populismo, la destrucción de instituciones y el desdén por el estado de derecho.

En ese contexto, la pregunta más relevante se refiere a las perspectivas de preservar una convivencia social pacífica, que permita a México construir un futuro mejor. Todo lo que hagan todos los actores políticos hoy, tendrá un costo social inmediato y electoral en 2009. La apertura de un margen político mínimo que permita al país dilucidar democráticamente su futuro requiere de una convivencia social positiva.

Todo indica que a partir de su rechazo sistemático y permanente de cualquier resultado electoral que no le dé el triunfo, López Obrador estará dispuesto a seguir actuando contra esa necesaria convivencia social, encontrando eco en los radicales del otro extremo. La situación ha degradado a México al punto de quedar atrapado entre las amenazas de López Obrador a la estabilidad del país, su no condena del incidente contra Calderón en la calle y, en el otro extremo, quienes tasajearon las expresiones de artistas mexicanos en apoyo de AMLO. Estos eventos no son producto de masas descontroladas, sino de militantes y simpatizantes envenenados ideológicamente, por lo que la responsabilidad recae en los autores de la convocatoria a la polarización de ambas partes.

Cuando concluya el proceso postelectoral, las conciencias de todos quedarán muy sacudidas. El daño al país es tan profundo que sus autores no deben quedar impunes. Una cosa es agotar los recursos de impugnación y otra ahogar a la sociedad en la provocación. Al final será la ciudadanía quien determinará la naturaleza y severidad de su sanción política.

jreyes@structura.com.mx

Economista


2. Y ahora, la respuesta

En su artículo publicado hoy en "El Universal", dice usted que una de las diferencias más importantes del inicio del próximo gobierno, que da por hecho que será presidido por Felipe Calderón, es que un tercio de la “ciudadanía” estará ”decepcionada de la democracia, poco identificada con un programa de gobierno que no sentirá suyo, con frustración por lo que considerará un escenario poco promisorio y falto de oportunidades…” Déjeme decirle que ello no hace diferencia alguna; lo mismo puede decirse del gobierno que termina, del anterior y de muchos más. No es difícil demostrar que millones de mexicanos que no votamos por Fox –la mayoría- no nos identificamos por su programa de gobierno, estamos frustrados, por decir lo menos, con un “escenario” no sólo poco promisorio sino francamente desalentador –sólo hay que revisar las cifras en materia de empleo, distribución de riqueza, extensión de la pobreza. Así que no hay novedad.
A continuación afirma que ese tercio de la ciudadanía –como si sólo los que votaron por AMLO contaran- está “movida por el rencor producto del discurso polarizante de López Obrador y de las respuestas que provoca, capaces de prolongar su encono”. De entrada llama la atención que atribuye usted el rencor de un tercio de la ciudadanía –por cierto: ciudadanía es la calidad de ciudadano, pero podemos aceptar que se refiere usted al tercio de ciudadanos que votamos por AMLO- al discurso polarizante de AMLO. No señor, le aseguro que no es no es rencor por el discurso; si lo hay es por el manejo turbio de todo el proceso electoral, por la corrupción rampante de la familia presidencial y de la gente cercana a Calderón, por la impunidad en que se manejó el Consejo Coordinador Empresarial alentando el miedo mediante mentiras e infundios; si hay rencor es por el manejo faccioso del poder del Estado en contra de un contrincante electoral; si hay rencor es por la manipulación mediática de las encuestas, particularmente la inmediata siguiente a la aprobación de la Ley Televisa –usted y yo sabemos a cuál me refiero.
La polarización a la que alude no fue estrategia de amlo, sino de Calderón. Probablemente usted olvida “el peligro para México”, las imágenes del “populista” Chavez transformándose en amlo, previa manipulación del discurso que le atribuía a aquél la “crisis” social, política y económica que “impera” en Venezuela. Se le olvidan, también, los 1,700 millones de pesos gastados por la Presidencia de la República a favor de Calderón durante los meses previos a la elección; los aproximadamente 200 millones de pesos que selectos grupos empresariales gastaron en amedrentar a la gente; los estropicios y, por decir lo menos, la ineptitud de Ugalde y del Consejo General del IFE; la manipulación o, si usted quiere, “el error de comunicación” del IFE en relación con los datos del PREP. Claro, para no hablar del desafuero, la corrupción rampante de la familia presidencial y de conspicuos representantes del grupo político en el poder, aparte de la aquiesciencia con ello del Presidente Fox, a quien usted le atribuye sólo un problema de “estilo” de gobernar. La frase que construye al final del párrafo es de un candor inigualable si no tuviera por objeto descalificar sin argumentos a quienes no votamos por Felipe Calderón: “justo cuando el inicio de una administración permitiría actualizar políticas y renovar la esperanza de paz, democracia, prosperidad y equidad. Me pregunto cuáles son los atributos que tiene su enumeración: ¿paz como Atenco y Lázaro Cárdenas o Acapulco y Matamoros; democracia como aquella que permite que el CCE viole la ley electoral con absoluta impunidad; prosperidad como la de los Bribiesca o Hildebrando Zavala, y equidad, ¡claro, como en la campaña electoral!? Por otra parte, le puedo dar una idea para responder a su inquietud, expresada en el condicional “permitiría”. Permitiría si en verdad esos hubieran sido los propósitos y, sobre todo, si su conducta se hubiera apegado a su discurso.
El siguiente párrafo sobre la figura presidencial sólo confirma que usted se olvida de lo fundamental: el problema no radica en un "estilo" equivocado, sino en una actuación irresponsable, negligente y desordenada del Presidente de la República y de buena parte de su “gabinetazo”, que abonaron como nadie al descrédito y el deterioro de las instituciones de gobierno.
Al hablar de los partidos, se permite usted una crítica más certera cuando afirma que los liderazgos están muy desprestigiados. Seguramente lo dice por Manuel Espino, Madrazo, el niño Verde, pues si bien el desprestigio de López Obrador puede anclarse en amplios segmentos de la población, la movilización del domingo 16 de julio no abona mayormente una afirmación como la suya. Sería un caso de estudio para diversas disciplinas el que un dirigente desprestigiado convoque a un millón o más de personas a una marcha, que por cierto le informo que ocurrió el domingo 16 de julio y para que se asome a constatar el desprestigio de amlo, dése una vuelta el domingo 30 por el zócalo de la Ciudad de México.
A continuación habla del daño causado al IFE y “eventualmente” al Trife. Estoy de acuerdo con su afirmación. El problema es que se abstiene de decir directamente quién o quienes son los causantes de este daño. Si hemos de creer en sus científicas encuestas yo entro en ese 44% que no cree en la imparcialidad del IFE. Ahora bien, su trayectoria pública nos habla de sus credenciales académicas y empresariales, pero no de sus dones clarividentes -¿dónde da consulta?-
Asegura que la resolución del trife “será insatisfactoria para AMLO y su círculo más cercano”. Lo que dice es que el Tribunal fallará a favor de Calderón. Tal vez así sea, pero conviene recordar que el Tribunal puede, también, emitir un fallo que favorezca a AMLO o bien que anule la elección. Entiendo que desee que el fallo lo deje satisfecho a usted y a Calderón, pero hasta este momento no puede desechar su propia insatisfacción como posible. Ni modo. Yo no soy clarividente, así que me permito preguntarle si Calderón y usted están dispuestos aceptar un fallo que los deje insatisfechos. Supongo que sí. Lo que me preocupa, en realidad, es si sus conspicuos empresarios que promovieron las campañas de miedo estarán dispuestos a hacerlo.
Lo que sigue en su disquisición es una afirmación sin sustento: es cierto que la tensión, fricciones y enfrentamientos asociados con la campaña, la elección y el periodo postelectoral afectaron el ánimo social, pero que lo hizo en el sentido de reforzar, “para unos” su resistencia a reformas estructurales adicionales no tiene sentido. De entrada, ¿cuáles “unos”? Supongo, por la línea de discurso, que se refiere a quienes como yo no votamos por Calderón. Pues resulta que la oposición a las reformas estructurales realizadas no tiene nada que ver con el proceso electoral. Tiene que ver con la eficiencia, la eficacia y la excelente productividad para generar pobreza que han tenido dichas reformas, consecuencias que usted convenientemente no aborda.
En seguida afirma que gracias a “los errores de amlo… sus planteamientos delirantes y actitudes de populismo, intransigencia y autoritarismo” la izquierda quedará enterrada debajo de una regresión hacia el populismo, la destrucción de instituciones y el desdén por el estado de derecho”. Vaya, su clarividencia es pasmosa. De entrada se apoya en el discurso vacío de contenido de la condena al populismo sin definirlo –como no lo ha hecho ninguno de sus “críticos”, quienes lo más que han hecho es remitirlo sólo como idea aproximada al “echeverrismo”. Lo de destrucción de instituciones es una afirmación insostenible. Con base en qué afirma usted tal cosa. ¿Qué institución ha destruido o se ha propuesto destruir AMLO como para que usted nos alerte sobre su peligrosa intensión? El desdén por el estado de derecho lo abona Calderón al negar el derecho de AMLO de acudir a las garantías que el “estado de derecho” le otorga. No se le olvide que el PAN también ha impugnado casillas. El desdén por el estado de derecho es de usted, para quien exigir el cumplimiento de un derecho le parece atentado contra la ”convivencia social” que más abajo estima amenazada. Por cierto, me parece un error de amlo no condenar el incidente contra Calderón, pero éste ni siquiera ha hecho mención de la destrucción de carteles a favor del voto por voto.
En lo que sigue, nuevamente se permite usted exagerar sin ambages para afirmar que ejercer un derecho es un “rechazo sistemático y permanente de cualquier resultado electoral que no le dé el triunfo”. ¿Cualquier resultado? Aquí no se cuestiona cualquier resultado; se cuestiona un resultado dudoso, por decir lo menos. Y si tanto le preocupa la convivencia social positiva, le pido atentamente que le dirija unas líneas al Felipe Calderón para deje de llamarme violento y al presidente Fox para que deje de llamarme renegado.
Sin embargo, me sorprendo que, sin compartir las aseveraciones que hace a lo largo de su artículo, no puedo estar más de acuerdo con usted en su último párrafo: Tiene usted toda la razón: ni Fox, ni Martha Sahagún, ni Luis Carlos Ugalde, ni Felipe Calderón, ni Hildebrando, ni Santiago Creel, ni el CCE, ni Gea-Issa, ni Manuel Espino, ni Televisa deben quedar impunes.
Es verdad, también, que una cosa es apelar al “estado de derecho” como hizo la Coalición al acudir al Tribunal, y otra es incitar al voto por miedo, dividir a la sociedad en “violentos” y “pacíficos”, gastarse millones de dólares para imponer un resultado dudoso, usar al aparato de estado para allegarse el apoyo internacional, entre otras muchas acciones, de las cuales usted está, sin duda, enterado.
Vaya, curiosa manera de estar de acuerdo, ¿no le parece? Pero me asalta una duda: al escribir el final, ¿se equivocó de artículo o se acordó de la estatura de su padre?
Alberto Schneider

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