Sunday, July 23, 2006

¿Hay que responsabilizar al ciudadano por las elecciones?

Ramón Cota Meza publica en El Universal un artículo en el que se lamenta de que en las opiniones sobre la jornada electoral no se le reconozca su lugar a los ciudadanos, a los que considera responsables de las elecciones.
Se transcriben a continuación, en primer lugar, el artículo del señor Cota Meza y a continuación la respuesta del Bloque de Opinión. Cabe aclarar que esta respuesta se forma de dos partes, puesto que entre las dos hay una respuesta del autor, la cual no transcribimos aquí mientras no contemos con la autorización de don Ramón.

1. El artículo de Ramón Cota Meza


Desdén
Ramón Cota Meza
18 de julio de 2006

La discusión sobre la elección presidencial se ha centrado en la cuestión legal del procedimiento, el papel de las instituciones, la táctica de la coalición impugnadora y la inquietante personalidad de su candidato, relegando la participación de los funcionarios electorales ciudadanos, quienes, junto con los votantes, son los verdaderos responsables de la jornada electoral. El desdén hacia ellos parece confirmar que la democracia sigue encharcada en las pugnas partidistas y en los intríngulis institucionales, rehusándose a batirse en la arena ciudadana.
El encargado de organización electoral de la coalición impugnadora afirma que el responsable de la limpieza de la elección es el órgano electoral, no los partidos. No es ninguno de ellos. Los responsables son los funcionarios de las casillas. Ellos instalaron las urnas, verificaron la identidad de los votantes, les extendieron las boletas, sellaron su participación, contaron los votos, llenaron y firmaron las actas e integraron el expediente. Los representantes partidistas sólo firmaron de conformidad, mientras los funcionarios del Instituto Federal Electoral (IFE) guardaban distancia.
Fueron los funcionarios electorales ciudadanos quienes generaron la información que luego fue convertida en objeto de controversia por torpeza (no por corrupción) del IFE y por la astucia del candidato que esperaba ganar y resultó segundo. El IFE había advertido que se abstendría de declarar ganador si la diferencia registrada por el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) resultaba de alrededor de un punto, lo que resultó ser el caso. Pero como se había mostrado exultante sobre la infalibilidad de su instrumento estadístico, terminó alimentando la sospecha de manipulación de la información.
La contabilidad final de los votos confirmó los resultados del PREP, pero la sospecha de manipulación ya se había generalizado en cientos de miles, quizá millones de votantes, y en los militantes e intelectuales que no han terminado de extirparse el raigón dejado por la elección de 1988. Es frustrante que un sistema electoral creado precisamente para superar ese trauma haya contribuido a reeditarlo. Al IFE le sobró expertismo y le faltó perspicacia para prever que la masa vive a la espera de situaciones que le faciliten escenificar la idiosincrasia de su autoexcitación.
Ahora el problema está en el terreno judicial, pero sería ingenuo pensar que los líderes de la coalición impugnadora aceptarán un veredicto adverso sin resistencia prolongada. Tal eventualidad está llevando a muchos de sus adversarios a justificar su demanda, como si una sentencia negativa del Tribunal Electoral fuera a calmar sus ánimos. Peor aún, un magistrado ha prejuzgado que la mínima diferencia de votos entre el primero y el segundo lugar convierte a la elección en objeto de controversia.
Ante estos despropósitos debe subrayarse que la autoridad de la elección no reside en el IFE ni en el Tribunal Electoral, sino en los votantes y los funcionarios ciudadanos de casilla. El Instituto Federal Electoral habilita la elección y el tribunal dirime las controversias resultantes, pero ninguno de ellos puede alterar el resultado generado por la ciudadanía. El sistema democrático está informado por la hipótesis de que la soberanía reside en los ciudadanos, pues son ellos los responsables de dar legitimidad y distribuir el poder entre las organizaciones políticas.
Este principio legitimador y ordenador se pierde de vista porque apenas es un intervalo fugaz en el fragor permanente de la lucha política. Los funcionarios expertos se refieren a él en forma condescendiente como "fiesta ciudadana", "momento mágico" y lirismos por el estilo. Como funcionario electoral ciudadano sorteado, yo no vi ninguna fiesta ni magia. Vi responsabilidad matizada de escepticismo y empeño en presentar cuentas claras, a pesar de las dificultades creadas por el expertismo de la papelería electoral.
Los jueces del caso deben considerar que el asunto en juego no es la sapiencia jurídica que ostentan, sino la voluntad ciudadana que están obligados a respetar. Si los más de 900 mil mexicanos que operaron el proceso electoral se confabularon para defraudar al resto, este país no tiene remedio.


blascota@prodigy.net.mx

Analista político

2. La respuesta de Bloque de Opinión
2.1. Primera respuesta

En la arena ciudadana

Don Ramón Cota Meza,

Es verdad: hay que batirse en la arena ciudadana, como no hacen a quienes usted reprocha: aquellos que llevan la batuta en la discusión pública.

En su artículo del 18 de julio de 2006, usted utiliza la expresión "responsable" en un sentido que no es claro. Me centraré en ese punto, debido a que la tesis central de su artículo consiste en afirmar que los ciudadanos son los responsables de las elecciones y nadie más puede cambiar el resultado, incluido el Tribunal Electoral.

Me parece evidente que la responsabilidad, cuando es asumida de manera colectiva, conduce a serios problemas, sobre todo si adoptamos como punto de vista determinar quién realmente es "el" responsable. Si usted afirma que "los ciudadanos" son los responsables de la limpieza de la elección, debe entenderse que todos lo son al unísono, y que además cada uno de ellos lo es, incluso de lo que haya hecho cada uno de los demás. Me parece evidente que usted está en un error.

¿Acaso estaría usted dispuesto a asumir la responsabilidad de un funcionario de casilla que, con dolo o sin él, se haya equivocado en una vulgar suma? Me parece evidente que usted no se haría responsable, por la sencilla razón de que usted no hizo la suma, no realizó la operación. Si usted se encontraba, por ejemplo, en la colonia Roma de la Ciudad de México (lo digo como un mero ejemplo, pues ignoro en cuál estuvo y tampoco es importante para el argumento), no resultaría concebible que sea usted el responsable de que un ciudadano de Celaya o de Acámbaro haya realizado mal una operación aritmética, con dolo o sin él.

La cuestión central, si usted me permite traducirlo a una cuestión conceptual, es que los colectivos son susceptibles de ser predicados en dos direcciones distintas: 1) cuando formulamos una afirmación de todos tomados en conjunto, es decir, cuando el predicado se refiere al conjunto; 2) cuando hacemos una afirmación de todos en forma distributiva, esto es, cuando la afirmación se refiere a cada uno de los miembros de un colectivo y esto atañe a todos ellos.

Pues bien, creo que su afirmación se refiere al primer caso. Usted habla de los ciudadanos y sostiene que la responsabilidad es de todos, es decir, del conjunto. Porque si usted lo afirmara en el segundo sentido, en el sentido distributivo, nos encontraríamos con el problema que le he señalado en el inicio de esta misiva.

Ahora bien, lo importante de la responsabilidad es que haya alguien que dé la cara, que ofrezca una explicación y sobre todo que ofrezca una corrección en caso de que haya algo que deba ser reparado, si ello es posible.

Llegado a este punto, si usted sostiene que todos son responsables, ¿a quién hay que dirigirse para exigir una reparación, como creo que es el caso? ¿Me dirijo a usted para que se reparen los desaguisados y despropósitos que, al parecer, han existido en la elección? ¿Me dirijo a todos y, en tal caso, cómo tendría que efectuar esa operación?

El Instituto Federal Electoral es la autoridad electoral de este país, según lo establece la Constitución en el artículo 41:

La organización de las elecciones federales es una función estatal que se
realiza a través de un organismo público autónomo denominado Instituto Federal
Electoral, dotado de personalidad jurídica y patrimonio propios, en cuya
integración participan el Poder Legislativo de la Unión, los partidos políticos
nacionales y los ciudadanos, en los términos que ordene la ley. En el ejercicio
de esa función estatal, la certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y
objetividad serán principios rectores (...) El Instituto Federal Electoral será
autoridad en la materia...

El IFE, en otras palabras, es el que tiene que dar la cara por las elecciones, pues nadie más lo hará. El Instituto, como autoridad electoral, "es responsable del ejercicio de la función estatal de organizar las elecciones", como se afirma en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, cariñosamente conocido como Cofipe.

Y para mayor concreción, añadiré que dentro del IFE el responsable es el Consejo General, como se establece en el Código Electoral (artículo 73):


El Consejo General es el órgano superior de dirección, responsable de vigilar el
cumplimiento de las disposiciones constitucionales y legales en materia
electoral, así como de velar porque los principios de certeza, legalidad,
independencia, imparcialidad y objetividad guíen todas las actividades del
Instituto.

Me parece que este punto está agotado, a menos que usted utilice la expresión "responsable" en un sentido en el cual deba entenderse "el que hizo" tal cosa. Pero las elecciones las organiza el Instituto y es el que da la cara en caso de algo no haya salido bien.

En cuanto al hecho de que usted sostenga que en el cómputo hubo "torpeza, no corrupción", estoy seguro de que ni usted ni yo sabemos lo que realmente sucedió. De hecho, creo que casi nadie lo sabe. Excepción hecha de quienes, en caso de que sí hubiese habido actos de corrupción, hayan participado en ellos, ya sea como autores materiales o como autores intelectuales.

Debo añadir, y espero que lo tome usted con respeto, que el texto presenta varias inexactitudes, "errores" en un sentido de la expresión. Por ejemplo, Ugalde no dijo que se abstendría de dar un resultado si los cifras del PREP eran muy cercanas entre sí; dijo que se abstendría si las cifras del conteo rápido eran muy cercanas entre sí (he aquí la también inexacta idea del "empate técnico"). Cuántas inexactitudes, ¿no le parece?

Añade usted que "La contabilidad final de los votos confirmó los resultados del PREP" e incurre usted en un nuevo error. No hubo contabilidad final de los votos, sino un cotejo de actas y el recuento sólo de unas 2800 urnas, no de las 130 mil de las que se formó la elección. Debido a que se modificaron los resultados del 95% de las actas y urnas que efectivamente fueron abiertas el 5 y 6 de julio, en realidad los resultados no confirmaron los del PREP, sino que en realidad vinieron a alimentar la sospecha de en esos errores puede encontrarse el secreto oculto de esta elección, en las restantes casillas. A la fecha, el IFE no ha informado de quién se benefició de las modificaciones de esas 2800 urnas.

Una pregunta formulada de paso: ¿considera usted que los ciudadanos que se desempeñaron como funcionarios de esas casillas están ofendidos hoy porque se les dio a entender que no saben hacer bien las cuentas?

Le recuerdo que estamos en la arena ciudadana, y es aquí en donde usted sostiene:


Al IFE le sobró expertismo y le faltó perspicacia para prever que la masa vive a
la espera de situaciones que le faciliten escenificar la idiosincrasia de su
autoexcitación.


Dejaré pasar la referencia a "la masa", así como las connotaciones que lleva añadidas, y que usted no ignora. En su elegante fórmula usted sostiene que el IFE se comportó -si se me permite una traducción un tanto brutal- como un tonto. Manteniendo la analogía antropomórfica, lo que usted señala es que el IFE con todo y su doctorado, se comportó como un tonto frente a otro tonto al que le da por desconfiar del primer tonto, en especial ahora que tiene "problemas de comunicación".

Pero usted no considera siquiera la posibilidad de que ese tonto, el primero, el que tiene "problemas de comunicación", haya actuado de mala fe. Me parece, en definitiva, que no hay razones para desechar esa posibilidad. Es verdad que los votos "ya se contaron", como reza la cansina respuesta de Felipe Calderón. Pero faltan más respuestas: ¿se contaron bien? ¿Cuántas veces se contaron? ¿Quiénes más contaron los votos?

Comparto con usted, pese a una cierta inexactitud, una tesis: "El sistema democrático está informado por la hipótesis de que la soberanía reside en los ciudadanos, pues son ellos los responsables de dar legitimidad y distribuir el poder entre las organizaciones políticas". En realildad, la Constitución postula que la soberanía descansa en "el pueblo", y usted estará al tanto de que los dos vocablos no designan lo mismo. Pero lo acompaño a usted en esa idea.

Precisamente por esa tesis, considero que lo correcto es que los votos se cuenten de una manera inequívoca, transparente, indubitable. sin sombra de sospecha. En la vida hay errores y hay dolo: hay de todo. Si ya hemos podido comprobar en esta misiva que incluso una persona como usted -que escribe de buena fe- se equivoca, ¿cómo no pensar que en esta elección se hayan presentado errores que hayan alterado los resultados de la elección?

Y eso sin considerar el dolo.

Pues bien, le presento mis respeto y mis comentarios, en el entendido de que yo he interpretado que, al añadir usted su dirección de correo electrónico, está dispuesto a recibirlos. Habiendo tratado de superar la tendencia a escenificar la "idiosincracia de mi autoexcitación", he expuesto a usted mis argumentos.

Pero debo añadir que sí me parece excitante la arena ciudadana, a la que usted ha convocado.

Mauricio Sáez de Nanclares
Ciudadano


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2.2. Segunda respuesta de Bloque de Opinión (después de una respuesta del autor)

Don Ramón,

Hay que darle su lugar a los ciudadanos. Tiene usted razón en eso y lo suscribo. Pero en esa fórmula cabe mucho: "de dulce, chile y de manteca", como jocosamente decimos en el habla popular.

Están los ciudadanos que actuaron como funcionarios electorales ciudadanos de casilla. A quienes se guiaron por los principios de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad, es preciso, obligado y justo ofrendar un reconocimiento.

Están los ciudadanos que en esa misma función no supieron cómo desempeñarse con arreglo a esos principios. No es despreciable este grupo. Un cálculo que conozco es que sólo 10.5% de los que recibieron capacitación del IFE estuvieron efectivamente en las casillas.

Están los que quedaron en las casillas por haber llegado temprano a formarse. De este grupo hay razones para mantener un prudente silencio acerca de su desempeño, porque además de no haber sido capacitados por el IFE tampoco sabemos si y cuántos de ellos pusieron en práctica una vieja estratagema priista para ocupar los cargos de funcionarios.

Están los que fuimos a votar, por quien sea.

Están los que no fueron a votar

Están los que, habiendo acudido a votar, ahora creen que la elección fue muy o aceptablemente limpia.

Están los que creen que, habiendo acudido a votar, ahora no creen o tienen dudas acerca de la limpieza y equidad de la elección. En este subconjunto se encuentra esa "masa" a la que usted hacía referencia, muy dada a la "idiosincrasia de la autoexcitación".

Habrá otros más. Ahí tiene usted un retrato de la soberanía popular o ciudadana. Un subconjunto de esa soberanía fue responsable de la jornada electoral, en el sentido de que "hicieron las cosas". Hay que darle su lugar a ese segmento de la soberanía.

El presidente Vicente Fox ha coincidido con usted de una manera notable. Ha dicho en Madrid, según lo notifica El Universal, que quienes "cuestionan la transparencia y la legalidad del proceso electoral, 'enjuician' a la ciudadanía". Añado una cita más de la nota a propósito de las palabras del presidente:

Hizo énfasis en que no es la autoridad la que conduce los
procesos electorales en México, "eso se acabó", es cosa del pasado, ahora son
los ciudadanos los responsables directos de realizar esta tarea. (La referencia
se encuentra en la siguiente dirección:
http://www.eluniversal.com.mx/notas/363242.html)

Considero débil el argumento de Fox, porque incluye una aseveración falsa: sí es la autoridad la que conduce los procesos electorales y se llama IFE. Se me dirá que él quiso decir que no es la presidencia de la república la que lo hace, pero de todos modos el argumento es débil, porque los responsables del IFE (los individuos que integran el Consejo General) no son "ciudadanos de a pie" (así es como interpreto la expresión "los ciudadanos"), sino un grupo de personas que, se sabe, forman parte de redes ligadas a los partidos y a los grupos de poder del país.
Y por supuesto que la elección es mucho más que contar votos en las casillas. Todo eso "extra" es obra del aparato burocrático del IFE, cuyo responsable es el Consejo General.

No fueron los ciudadanos "de a pie" los que diseñaron el PREP.

No fueron los ciudadanos "de a pie" los que diseñaron la ilegal representación mediática del conteo distrital.

No fueron ni son los ciudadanos "de a pie" los que han puesto en marcha la campaña mediática actual para convencer a todo mundo que la elección fue perfecta (y quien no esté de acuerdo pasa por hereje).

No es justo embarrar en todo esto a los ciudadanos, los de a pie, los que ahora enfrentan el riesgo de que sus derechos sean pisoteados, como lo han sido secularmente.

Darles su lugar a los ciudadanos que lo ameriten por el sentido de responsabilidad con que actuaron no equivale a quitárselos a quienes no hemos optado por el artículo de fe según el cual las elecciones fueron intachables. Tampoco equivale a olvidar que los que tienen que dar la cara son los responsables del IFE. Quienes, por cierto, no han dado mucho la cara estos días.

Nadie enjuicia a la ciudadanía. Se trata de un falso problema y de una construcción falaz, dirigida a distraer la atención del sitio en el que se ubica la responsabilidad. Esta idea de que las elecciones la hacen los ciudadanos ya la había sembrado Luis Carlos Ugalde días antes de la jornada electoral, y una observación atenta de su actuación revela que se trataba de una estrategia comunicativa. Ahora Fox viene a fortalecerla, del mismo modo en que ambos parecieron actuar coordinadamente el 2 de julio, en la noche, en mensajes televisivos previamente grabados.

Hay que ser muy cuidadosos en esto: si con dicha estrategia lo que pretenden es diluir la responsabilidad en "los ciudadanos" y guarecerse en una falacia de ese tamaño para eludir el juicio implacable de los hechos, la historia y las personas, entonces una artimaña de ese tipo debe rechazarse con toda firmeza, por la sencilla razón de que no es lo correcto.

Y estimo, Don Ramón, que en la arena ciudadana esas cuestiones debemos discutirlas sin doblegarse ante nada.

Con cordialidad

MSdN

1 Comments:

At 12:33 PM, Blogger Øttinger said...

Sí. Los ciudadanos son responsables del resultado de las elecciones en la misma medida en la que los políticos son responsables de la información que les llega y con la que configuran su voto.

 

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