Monday, July 24, 2006

¿Hacerse la víctima o ser víctima?

En días pasados, Leo Zuckermann publicó en Excélsior el artículo "¿Quieren ser víctimas?". A continuación Bloque de Opinión reproduce la respuesta a dicho artículo:


Leo Zuckermann elabora en el artículo "¿Quieren ser víctimas?" el siguiente argumento: como en su estrategia jurídico-política la coalición lopezobradorista sólo ha lanzado "juegos pirotécnicos", es razonable pensar que nunca se plantearon realmente ganar e hicieron todo lo posible por estar en donde están ahora: en el papel de víctimas.
Para que el argumento de Zuckermann se sostenga, tendrá que sustentar que la estrategia jurídico-política no es más que "juegos pirotécnicos", expresión que habremos de tomar como equivalente de estrategia llena de cosas confusas y hasta contradictorias.
¿En qué consisten los juegos pirotécnicos? Me detengo en lo importante. Zuckermann considera contradictorio que la coalición de López Obrador afirme:
1. Que hubo una elección de estado y
2. Que ganó la elección.
Me parece claro, diáfano, transparente, que no hay tal contradicción. Si se tratara de una contradicción, no podrían sostenerse las dos afirmaciones en conjunción. Pero resulta que sí es posible. Probablemente Zuckerman se confunde al respecto. Los dos enunciados que configurarían una contradicción son los siguientes.
1. Hubo una elección de estado exitosa
2. López Obrador, el opositor, ganó la elección.
En este caso sí hay contradicción porque, una elección de estado, si consigue su propósito, por definición conduce a que el adversario sea derrotado y no pueda demostrar lo contrario; o, si lo pudiera demostrar, todo esfuerzo sería vano.
En contraste, en la estrategia de López Obrador no hay contradicción. Se puede afirmar que aunque se haya organizado la elección con el respaldo de considerables recursos del estado, López Obrador considera que, si se cuenta voto por voto y casilla por casilla, puede demostrar que en realidad ganó la elección. Yo no sé si lo pueda demostrar, pero sé que no se trata de una contradicción.
Ahora bien, si no hay tal contradicción, ¿en verdad hay "juegos pirotécnicos"?
La joya del artículo, sin embargo, se encuentra en otro lugar. Después de preguntarse retóricamente por qué impugnaron sólo 50 mil casillas si lo que quieren es que se abran todas, después de eso, pues, examina las condiciones en que sería "recomendable" que el Tribunal ordenara abrir todas las casillas: 1) que con eso "tuviéramos garantías de que con tal medida se terminarían los reclamos de la coalición lopezobradorista", y 2) que con eso se asegurara que el perdedor le "levantara la mano al ganador". Me detengo en esto.
¿Quién es el nosotros que se esconde detrás de ese "tuviéramos" que aparece en la primera condición? Resulta evidente que en ese nosotros no se debe incluir a López Obrador, porque es él y su equipo el que tiene que darnos garantías de que ya se va a estar quieto. Se podría entender que son todos los demás, todos los que no están del lado de López Obrador. ¿Se trata de los calderonistas? ¿Se trata de la gente de bien que está dispuesta a pintar de blanco al país? ¿Se trata de "los pacíficos"? ¿Se trata de los que piensan que ya es hora de que esos alborotadores y argüenderos se pongan a trabajar en vez de andar en sus marchas y sus rituales izquierdosos de siempre?
No lo sé de cierto, pero parece.
Si damos por sentado, tentativamente, cuál es el nosotros en el que Zuckermann se inscribe, resulta claro el que sostenga que no es recomendable abrir todos los paquetes: para qué, si va a seguir demandando más y más cosas; para qué, si de todos modos no le va a levantar la mano a Calderón.
Para llevar a cabo esta verdadera machincuepa argumental, Zuckerman ha debido pasar por encima de la lógica y el sentido común. Parece no importar que López Obrador haya repetido incansablemente que si se cuenta voto por voto y el resultado le resulta adverso, se acaba el asunto. Dejará de llamar a las movilizaciones y nada impedirá a Calderón que asuma la presidencia. La razón por la que Zuckermann no recomienda que se cuente voto por voto es que a él le parece que López Obrador no es creíble. Tengo dudas de que una premisa así realmente pueda admitirse en una argumentación seria.
La segunda machincuepa consiste en afirmar que, como López Obrador no le va a "levantar la mano" a Calderón, entonces tampoco es recomendable que se cuente voto por voto. Yo quisiera que el propio Calderón tuviera esa claridad para sostener su rechazo al voto por voto. La demanda de que se vuelva a contar voto por voto se desprende de dos cuestiones centrales:
1) Es bueno saber si hubo o no "errores aritméticos", con dolo o sin él (es decir, con o sin comillas), en la cuenta de las boletas y en la relación de esa cuenta con las actas, pues con ello nos quitamos las dudas aritméticas que pueda haber, y
2) Sabremos que el que tome posesión lo hará porque, como lo expresara Luis Carlos Ugalde de manera inolvidable, la regla de oro de la democracia…
En mi opinión la primera cuestión es suficiente para que se cuente voto por voto y casilla por casilla. ¿Realmente vamos a disipar las dudas aritméticas con el pueril alegato de que los votos "ya se contaron"? ¿O lo haremos porque el IFE, la presidencia, los medios, los líderes de opinión e incluso una campaña patrocinada por un organismo cuyo nombre no recuerdo nos taladran el oído todo el día y todos los días con la cantaleta de que la elección fue limpia? No tengo dudas de que los animadores de esta campaña (que podría llamarse Dí No a las Dudas) creen efectivamente que van a disiparlas. Y, sin embargo, seguirá habiendo dudas, máxime si están en la red, digitalizadas, las actas con errores aritméticos (con o sin comillas). A propósito, ¿por qué a los niños en la primaria se les enseña que después de una suma tienen que verificarla?
Lo mejor es que se vuelva a contar voto por voto y casilla por casilla. Si después de eso el señor López Obrador sigue pidiendo más y más o si se queda con la idea de que la elección no fue democrática, ¿qué importa? Se quedaría solo con sus ideas.
Hacerse la víctima es diferente de ser víctima. Confío en que estaremos de acuerdo en este punto. Está muy mal que la izquierda se haga la víctima y se complazca en los cantos, las marchas, leer La Jornada, porque con eso demostrarían que no tiene vocación de poder. Pero está peor que los poderes fácticos la conviertan en víctima: que parezcan estar decididos a tener democracia pero sin izquierda (o, al menos, esa izquierda).
Entonces, ¿por qué, si nosotros creemos que ese se hace la víctima, no nos decidimos a desenmascararlo y declaramos que, en efecto, lo mejor es que se cuente voto por voto y casilla por casilla?

Mauricio Sáez de Nanclares

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Pongamos que Leo Zuckermann respondiera aclarando que el "nosotros" se refiere a todos aquellos ciudadanos que esperan que se respete el veredicto de las instituciones. Es importante el uso de la palabra "veredicto". Considerando ese hipotético caso, veamos esta nueva respuesta.
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Segundo comentario a propósito del papel de víctimas

Queda muy bien identificado el nosotros utilizado en su artículo: los ciudadanos que han puesto el énfasis en que debe respetarse el veredicto de las instituciones. He de incluirme en ese nosotros.

"Veredicto" significa "dicho con verdad". La resolución del Tribunal será inevitablemente una verdad jurídica. ¿Será un "dicho con verdad", es decir, un vere-dicto? Deberá acercarse lo más posible a ella y deberá también parecerlo, esto es, reivindicar con éxito la pretensión de pronunciar una verdad jurídica que coincida con la verdad empírica.

Creo, como muchos, que la verdad de esta elección se encuentra en los paquetes electorales. Si el respeto al veredicto de las instituciones significa respeto a lo que es dicho con verdad, los ciudadanos, en efecto, esperamos el vere-dicto de la institución. Mientras no sepamos eso, no estamos en condiciones de saber si AMLO se hace la víctima, o lo es.

Si el suyo es un planteamiento justo, entonces mantener en alto la demanda de que se cuente voto por voto y casilla por casilla es, también, una demanda justa.

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Pongamos que Leo Zuckermann insiste en que de todos modos López Obrador, conociéndolo, no se contentaría con un conteo como el que se plantea en las demandas de la movilización social. (Es importante el "conociéndolo" en esta hipotética respuesta.) Y pongamos también que adujera que si es justo o no dicho planteamiento, se trata de un asunto que resolverá el Tribunal. ¿Qué se le respondería en tal caso?

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Tercera respuesta

Señor,

A final de cuentas, no ha quedado saldado el asunto del papel de víctima.

La expresión "conociéndolo", supongo, será equivalente de "tomando en cuenta que es una persona a la que no se le puede creer". La premisa es discutible, como lo atestiguan los millones que votaron por él y la significativa cantidad de personas dispuestas a asumir el costo de sumarse a una simple demanda. Voto por voto.

Ya debería estar claro que ésta no es una demanda sólo de López Obrador.

Reciba un respetuoso saludo

MSdN

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A manera de conclusión

Zuckermann postuló en el inicio una tesis del siguiente tenor: como se ve que les encanta estar en las movilizaciones, leyendo La Jornada, escuchando a los gurús (debe entenderse que con esta denominación quedan comprendidos Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska y demás) y además presentaron un caso débil ante el Tribunal, entonces cabe concluir que prefieren hacerse las víctimas antes que asumir la responsabilidad de ejercicio de la política, que incluye asumir las consecuencias de perder. Y como todo esto revela que no tienen vocación de poder, entonces están donde merecen estar.
Después de lo aquí escrito, no queda claro que se haya resuelto el punto acerca de si se hacen las víctimas o lo son.
Tampoco queda claro que el caso ante el Tribunal sea débil, puesto que no ha logrado sostener Zuckermann que haya contradicción, al menos tal como él lo planteó en su escrito. Por lo demás, es importante señalar que esta obsesión por encontrar contradicciones en López Obrador, ya sea en sus escritos o en su estrategia, por parte del bloque de opinión hegemónico, ha fracasado hasta ahora. Pero deberá ser un tema recurrente en este blog, porque será recurrente el intento de encontrarlas, aunque para ello tuerzan -con dolo o sin él- la lógica.
Según Zuckermann, pues, no tienen vocación de poder y se hacen las víctimas. Pero, como las cosas no han quedado resueltas en estas páginas, cabe concebir otras tres posibilidades:
1. No tienen vocación de poder, pero sí son víctimas. En este caso, la demanda de voto por voto es un mero "pataleo", destinado al basurero de la historia.
2. Tienen vocación de poder, pero se hacen las víctimas. Esto se debe a que sencillamente son malos perdedores y probablemente dilapiden el capital político obtenido electoralmente en fechas recientes.
3. Tienen vocación de poder y son víctimas. En este caso, utilizarán todos los recursos a su disposición para mantener firme su postura, en el entendido de que creen que ganaron, y además buscarán con afán, hasta donde lleguen sus fuerzas, por señalar, denunciar y combatir el atraco del que han sido, precisamente, víctimas.
Nada de esto está resuelto ni suficientemente argumentado. Pero es un asunto que vale la pena de ser discutido.

MSdN



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