Tuesday, August 01, 2006

Contra la transición plutocrática

Mauricio Sáez de Nanclares

El día de ayer Leonardo Curzio publica en El Universal un argumento parecido al de Zuckermann, ya comentado en este blog, en el que sostiene que a AMLO no le queda el papel de víctima. O sea, se hace la víctima.

Le parece discutible que la elección haya sido inequitativa. Como AMLO -en el dicho de Curzio- armó una coalición con fuertes apoyos, obtiene la conclusión de que se trató de un enfrentamiento similar al del ejército napoleónico y el zarista. Son, afirma, unos "comicios razonablemente equilibrados".

Puesto que se trata -siempre según Curzio- de una lucha por el poder entre dos coaliciones poderosas, que han jugado a ganar, y como, además, por necesidad, una tiene que perder, no le parece serio "proponer que la democracia naufragó porque un candidato perdió", como sostiene -por cierto, con precaria capacidad para evitar las cacofonías-.

En pocas palabras, para Curzio la democracia no está en peligro. Como ésta es la justificación que ha dado AMLO para la movilización, el lector obtiene la conclusión de que la movilización es ilegítima. Ya sabemos que no lo dice Curzio... que no lo dice así. Pero también se conoce la figura del entimema desde hace mucho más de dos mil años.

Incluso aceptando -sin conceder, por supuesto- que los comicios fueron "razonablemente equilibrados", el factor crítico que ha movido la balanza a favor de Calderón se llama control del IFE.

El aparato electoral es un instrumento sumamente poderoso: el comportamiento del Consejo General del IFE y las claras señas de que incumplió -si no todos- una buena parte de los principios constitucionales (certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad) , ello tendría que bastar para que Curzio retire el disparate de que las elecciones fueron "razonablemente equilibradas". A lo mejor quiere decir que las fuerzas eran razonablemente equilibradas; pero una de las partes se apoderó del aparato electoral. Consecuencia: las elecciones no han sido limpias. O al menos es lo que está en litigio.

A nadie se le ocurriría afirmar que un juego Italia-Alemania -ambas, potencias del futbol-, en el que el árbitro está claramente vendido con uno de ellos, se trata de una contienda "razonablemente equilibrada"

Tal vez Curzio no está al tanto de que en México existe un selecto segmento: los barones del dinero. Le tenemos una noticia a Curzio: existe la oligarquía en México y jugó abiertamente en esta elección. La oligarquía mexicana, por lo que sabemos, no reparó en gastos, porque -como se sabe desde hace tiempo- miembros destacados de este grupo le habían exigido a Fox que por ningún motivo querían que llegara a la presidencia ese tal Andrés Manuel. Eso lo sabe cualquier persona que se tome la molestia de leer Proceso semanalmente.

La principal fuerza de Andrés Manuel está en el Zócalo, Madero, Juárez y Reforma, es decir, en las calles. Si está apoyado por "grupos con intereses", como sostiene el alegato de Curzio, no lo dudamos. Pero Andrés Mannuel no estaría en donde está ahora sin el apoyo de los desheredados; ni Calderón estaría en donde está -cualquiera que sea el lugar en donde esté- si no fuera por el espléndido desembolso de los barones del dinero. Andrés Manuel no fue a la elección con resorteras: por eso fue con "la gente"; y Calderón tampoco fue con resorteras: fue con el apoyo contante y sonante de la oligarquía.

Es verdad que la lucha fue razonablemente equilibrada. Excepto que en un lado del campo de batalla, el recurso fundamental ha sido el dinero, que sirve lo mismo para comprar tiempo en los medios que la lealtad de intelectuales y moldeadores de opinión obsecuentes . Y del otro lado de la cancha, junto a otros recursos que Curzio sabrá dar a conocer muy bien, ha estado "la gente".

Si en el desenlace de esta elección Calderón acaba como presidente y no se cuenta voto por voto y casilla por casilla, el porvenir es sombrío: México habrá transitado en cuestión de unos cuantos años de una joven y prometedora democracia a una adulta y decadente plutocracia, en la que la regla será una sola: aquí gana el que tiene más dinero; de los votos... ahí luego arreglamos.

Para impedir eso, cientos de miles de mexicanos están ahora mismo colocados en un lado de la cancha. Curzio puede ignorar eso, si así lo prefiere; pero no podrá hacerlo sin faltar a la verdad. Estamos presenciando un proceso extraordinariamente rápido de construcción de ciudadanía, materializado en un proyecto alternativo de nación. Y está muy claro que eso es lo que la oligarquía mexicana no le perdona a Andrés Manuel.

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